La pérdida de lo vital

Screen Shot 2017-07-12 at 23.08.30

Recuerdo que hace varios años, trotando por el Malecón Cisneros y pasando al lado de uno de los columpios y juegos infantiles que la municipalidad de Miraflores (antes de Jorge Muñoz) había colocado en varios de sus parques, de pronto sentí ese olor punzante de caucho caliente que tiene el grass artificial. Me repugnó el contraste de esos vapores con el suave olor de mar con el que había estado trotando unos metros antes…

Unos meses más tarde el alcalde mandó cambiar la arena de los espacios de juego infantil por esa alfombra sintética verde que se usa ahora, por razones prácticas me imagino, pero con la que alguien tiene que estar haciendo también mucho dinero. Después de todo, hay mucho espacio verde que podemos empezar a “mejorar” con este producto.

Creo que me la paso protestando en contra de las plantas artificiales que proliferan en los ambientes comerciales y oficinas. Mi preocupación es que la convivencia con estos simulacros produce una insensibilidad para con lo natural, nos pone en  un trance en que hacemos ciegos a la diferencia entre lo vivo y lo inerte.

“Es que ahora los hacen igualiiiitas a las reales”, me decía justificándolas una señora, “ya no son tan evidentemente falsas como antes”, como si el problema hubiese sido siempre solamente que la estética era aun muy burda, que la apariencia todavía no convencía al ojo discriminante….

Pero el problema para mí va más allá de la estética, o de la perfección técnica de la copia. No es que las plantas artificiales sean tan obviamente falsas, que usarlas como sin notar esa diferencia fuese obvia señal de mal gusto o ‘huachafería.’ Es algo más de fondo que eso: es la incapacidad de distinguir entre algo real y un simulacro, la incapacidad de  percibir las diferencias más sutiles. Es justamente lo que genera y alimenta a la huachafería. Y en el fondo es la incapacidad de sentir la vibración que distingue la presencia de algo vivo, de algo artificial, falso o muerto.

Recuerdo lo que me contó una vez una amiga relatándome la muerte de su padre: “de pronto ese cuerpo que estaba ahí ya no tenía la vibración que había sido mi padre. Ya él no estaba ahí.” Los antiguos identificaban en esa vibración al alma que dejaba al cuerpo en la exhalación final. No percibir algo artificial de algo con alma, es como perder el sentido de lo vital, perder la capacidad de ver lo vivo. Y eso es andar por el mundo, entumecido como un autómata, ausente como un zombie.

Mi rechazo de lo artificial tiene que ver con ese estado de conciencia en el que inevitablemente nos tiene que sumir un mundo cada vez más artificial, más des-almado como el que van instaurando esos simulacros cuya imagen es tan perfecta, que ya no echamos de menos la vida de la que prescinden. Claro que son más prácticos (no hay que ocuparse de ellos, son objetos), más eficientes, etc., etc. Pero el costo de esa eficiencia, de esa comodidad es demasiado alto, pues es pernicioso en los niveles más profundos de nuestra conciencia.

Pero volviendo al malecón, ya para terminar: mientras seguía trotando, ya al lado de las canchas de fulbito en el Malecón de la Marina, completamente inundado por el olor de petróleo que exudan esos pisos sintéticos sobre los que juegan pelota bajo el ardiente sol del verano miraflorino, me pregunto sobre las decisiones que estamos tomando al escoger la conveniencia práctica de lo artificial sin darle importancia o percatarnos de lo que significan para nuestra forma de ser, para la vida que nos estamos forjando en relación con la naturaleza y la vitalidad del mundo. Estos productos son una industria muy lucrativa, y donde el dinero entra en juego podemos estar seguros que la codicia siempre primará por sobre la conciencia, la estupidez humana por sobre la previsión y la auto-conservación.

Quizás hemos estado demasiado tiempo acostumbrados a tratar al mundo como algo inerte como para reconocerles verdadera importancia a nuestros escrúpulos ecológicos… pero me parece necesario empezar a hacerlo,  a hacerlo con conciencia, antes de que sigamos perdiendo, poco a poco, toda una dimensión de nuestra existencia.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s