PASIÓN ELECTORAL

candidatos 2016 #peru

Todos queremos lo mejor para el Perú. O casi todos, pues siempre habrá desgraciados que busquen el caos y el desorden porque es todo lo que conocen o quieren. Pero quienes buscan verdaderamente lo mejor –es un hecho– aunque concuerden en el fin, no siempre lo conciben igual ni concuerdan en los medios. Ese ámbito de encuentros y desencuentros es lo que constituye la política y también lo que explica su volátil complejidad.

Detrás de nuestras diferentes concepciones del bienestar del país y la forma cómo lograrlo, es decir detrás de nuestras diferentes creencias, todos compartimos el interés en que el país salga adelante. Es sobre ello que se sostiene nuestra sociedad.  Es cierto que tentados por los sectarismos y la intolerancia lo olvidamos frecuentemente y terminamos en la descalificación del otro e incluso en el odio y la violencia.

Y además, no es de sorprender que el ánimo nacional se encuentre tan caldeado, luego de un año tan difícil, bochornoso y decepcionante como lo ha sido, en el ámbito de la política nacional. Escándalo tras escándalo –desde los cantinflescos intríngulis de la época de Urresti, hasta las benditas libretas de Nadine que nos siguen persiguiendo como persistentes penas…

Ingresan las elecciones en ese infeliz escenario, para hacerse infames desde su inicio. Dos candidatos descalificados en plena campaña por razones a todas luces o desproporcionadas o mal concebidas. Mal concebidas fueron las razones por las que  se descalificó a  Acuña. En primer lugar porque inconsecuentes en su aplicación y, en segundo lugar, porque Acuña debió haber salido de la carrera por descalificación moral (que ya la gente empezaba a manifestar) en vez de por un tecnicismo consecuencia, además, de un nuevo reglamento apresurado y mal pensado. Y fueron desproporcionadas con Guzmán, quien fue descalificado por un lapsus administrativo, de una carrera donde ya había acumulado una intención de voto respetable. Y así del tufo de intereses turbios detrás de la decisión del JNE (que obviamente acusaba beneficiarios inmediatos), hemos pasado en medio del torbellino de las campañas y una atmósfera caldeada, al desatino del candidato quien, eliminado terminó  poniendo en tela de juicio sobre el tribunal internacional la legitimidad misma de los comicios peruanos. Más lodo sobre una enlodada temporada.

Ese fue el comienzo de esta caravana de locos que es la temporada electoral del 2016, y en la que ahora nos preparamos para lo que puede ser su estrepitoso desenlace.

Muchos están hoy calculando a cuál candidato deberían entregarle su voto, a fin de exorcisar de ese modo a los fantasmas que empiezan nuevamente a acechar a la conciencia nacional . Pero quizás en estos momentos sea más importante ejercer la honestidad del voto que obedecer al cálculo pragmático de los posibles resultados de mañana. En lugar de dejarse presionar por el miedo y los fantasmas que los medios siguen generando para manipular nuestro voto, nuestra convicción es la que debe primar. Y cada uno debe someterse a la suya. Y someterse también  a la posibilidad de perder, para aceptar así, democráticamente y con espíritu solidario, el resultado final.

Lo resultados de mañana serán expresión de la voluntad general, y debemos preparamos para aceptarlo, sobre todo si resultamos no estar nosotros de su lado. Solo así seremos capaces de mirar después de mañana a todos los peruanos a los ojos sin sentir vergüenza o rabia o frustración sino, por el contrario, el deseo de trabajar juntos por un país mejor.

En todo caso, que prevalezca mañana lo mejor en nosotros. Y que los dioses nos acompañen.

 

 

 

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