La Singularidad ¿nuevo comienzo o fin fatal?

singularity

Within thirty years, we will have the technological means to create superhuman intelligence. Shortly after, the human era will be ended. –Vernor Vinge, 1993

Cuando pienso en la identidad en internet, me pregunto sobre los cambios que estamos experimentando en el énfasis representacional que nos proporcionan las redes sociales; por ejemplo, sobre el significado que puede tener el fenómeno “selfie” o las diversas formas en que hemos hecho de la privacidad un espectáculo público, o la forma cómo se están borrando esas lìneas, o aquellas entre lo que es virtual y lo que no lo es, y cómo nos afecta en la forma cómo vemos y tratamos a otras personas e incluso a nosotros mismos…

Pero también me pregunto si debido al mismo medio en que estamos constituyendo nuestra identidad, medio que va adquiriendo una cierta autonomía en construir identidades (y devolvérnoslas como pequeños espejos digitales externos), se están produciendo cambios en la especie humana misma que la especie humana es incapaz de ver o de prevenir. En primer lugar estamos alimentando de manera desmesurada nuestro natural narcisismo. Tal vez sea esta una forma en la que la especie busca externa pero colectivamente a sondear las profundidades de nuestra sensibilidad que por demasiado tiempo y frente al racionalismo que se ha privilegiado en nuestra cultura, ha sido generalmente dejada de lado. Pero también podría ser, como lo predice el mismo mito, que el final no sería otra cosa que la desaparición de Narciso en el estanque donde se reflejaba la imagen que lo fascinaba. En todo caso, parecería necesario repensar al individuo, ver cómo entenderlo frente a la creación de una inteligencia universal y de loque significa nuestra creciente y casi inconsciente dependencia de esta para grandes partes de nuestro mundo.

Es indudable que en nuestra época estamos pasando por una época de transformación, por lo menos tan trascendente como lo fue para la modernidad la transición del Renacimiento; quizás incluso más, pues los cambios que estamos contemplando por la revolución digital ahora hablan de transformaciones en la identidad misma del ser humano, en su concepción de su naturaleza, en la relación entre lo que entendemos como identidad y como diferencia, entre individualidad y multiplicidad…

La transformación será más profunda que la que ocurrió con la invención de la escritura incluso luego de haber sido potenciada por la imprenta, que volvió a seres sociales, emotivos, espontáneamente corporales, como éramos en la tradición oral, en seres pensantes que se abrieron un nuevo espacio privado de pensamientos y sentimientos, que les permitió una independencia de los demás y una capacidad de abstracción de la vida que afiló su ser lógico, analítico y racional, y quizás a su narcisismo, pero dejó huérfano y abandonado a su lado sensible. La transformación por la que estamos pasando ahora es incluso mayor que ambas, y quizás cualitativamente diferente. Cualitativamente, se me ocurre a veces, en tanto que su objeto no es reducible a las categorías que ya poseemos sino que las subvierten y las habrán de sorprender.

Se habla ya de la Singularidad como aquel momento, no tan lejano en el futuro, en que la simbiosis entre hombre y máquina termine construyendo un nuevo ser, una inteligencia universal que sepa más que los hombres que la construyeron. Un espacio nuevo dentro del cosmos se constituiría así por una mente colectiva maquínica, un cerebro digital, que abarcaría toda la información de la experiencia de millones en una sola conciencia y que sería ese mismo cerebro el que se haría cargo del mundo en el que además lo virtual sería indistinguible de lo real.

Desde esta perspectiva, la idea de la ya clásica película Matrix, de los hermanos Wachowski, no era en absoluto descabellada; como tampoco lo es, en principio, la propuesta que lanzan ellos mismos de manera igualmente sofisticada en su nueva serie de Netflix Sense8. Hay algo profético acerca de la ciencia ficción en estas nuevas visiones, todas potenciadas por el cine y su imagen en movimiento como nunca antes en la experiencia del ser humano. Y la pregunta siempre sigue siendo si estamos hablando de un nuevo comienzo o de un fin fatal en el que tenemos aun algo que decir.

La idea es que, como lo pone wikipedia, “el progreso tecnológico y el cambio social se acelerarán con el desarrollo de una inteligencia sobrehumana de tal manera que ningún ser humano anterior a dicho acontecimiento podría comprenderlo o predecirlo. Al igual que en la física [en que se habla de la singularidad espacio-temporal de los huecos negros, donde las reglas de la física dejan de ser válidas y la divergencia hacia valores infinitos hace imposible definir una función], en la Singularidad Tecnológica una superestructura tecnológica se desarrollaría en la que las tecnologías tomarían decisiones globales como una inteligencia más, pero ya independientemente de si las personas se conectan físicamente a la tecnología o no.

Simone Weil advertía que nuestro tiempo corría el riesgo de convertirse en uno en el que “la máquina piense y el ser humano se reduzca a la condición de la máquina”

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