NUESTRO NUEVO IDOLO

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No hay nada más importante en este momento para nuestra atención que la revolución digital que está transformando al mundo y al ser humano. Escribo aquí una reflexión sobre la imagen en nuestro tiempo que ha surgido de un cuestionario que me mandaron hace unos días.

La proliferación y manipulación
Hoy hay muchas más imágenes que nunca. No solo porque haya más gente. Solo tienes que contar las pantallas a tu alrededor para saber que hay ahora, en este nuevo mundo, muchas más imágenes de las que hubo jamás en el mundo; y no solo porque haya más gente, sino porque cada persona tiene acceso a una imagen más que las que le brinda el espacio-tiempo natural. Tiene acceso a imágenes muy diferentes que lo adentran en un espacio-tiempo que no está sincronizado con el real.

No solo hay las imágenes (de fuentes) naturales (aunque todas lo sean, en algún sentido), sino también las imágenes de fuente artificial. Las imágenes creadas por el hombre. Los clones y los simulacros. Y estas últimas son las más fáciles de manipular. Y ¿por qué no querría el ser humano, un animal con tantos secretos como los tiene, manipular las imágenes que proyecta a los demás para que esos secretos queden ocultos detrás de las apariencias? O, un animal tan vanidoso como lo es el homo sapiens, por qué no querría tratar de convertir a la realidad en su ideal, sustituirla, si es posible, por una realidad mejor, más “a la medida”, es decir una réplica, sí, pero más perfecta. Siempre pienso en Pigmalión como la imagen más perfecta de esta fractura en el hombre

La belleza hoy
Una amiga artista, Natalia Iguiñiz, observó el otro día que a medida que la vida se vaya alargando, nuestras imágenes de erotismo y sexualidad tendrían también que empezar cambiar. Esta obsesión actual por la juventud y la belleza que nos hace ciegos a formas más profundas de lo bello que la material -y que además nos someten a regímenes de vida todos contrarios al proceso natural de vida- debe terminar. Cómo o cuándo lo haremos, no se puede saber. Pero de que tendremos que superarla es inevitable. Mientras tanto impone cánones o patrones adolescentes, viciados por una ilusión de eternidad totalmente falsa, ilusoria -endimiónica (por Endimión)- y deliberadamente establecidos para no tener que lidiar con el cambio, sobre todo con el cambio que marca el tiempo sobre la piel, que nos muestra implacablemente lo que nunca queremos ver. El hombre detesta su mortalidad.

Uso y abuso
Aparte de las debilidades intrínsecas a la condición humana que afectan nuestra relación con la imagen, cuando las imágenes estén en revistas y medios de difusión pública y en la medida en que estas estén sirviendo a intereses económicos dependiendo (por ejemplo) de los ingresos por la publicidad, abusarán a las imágenes, las someterán a sus propios fines. Es el tráfico de las imágenes que pervive impunemente alrededor nuestro.

Pero hay revistas y medios que se dedican precisamente a lo contrario, a no abusar ni a usar las imágenes, sino a mostrar simplemente las imágenes libres y capaces de mostrarse más allá de lo que materialmente son.

¿Realidad?
Estamos en una época de proyecciones, de imágenes de todo género, y estamos acostumbrándonos a actuar con el otro y convertirnos para el otro, en un holograma diseñado por uno mismo, de acuerdo a nuestros propios ideales y expectativas, a través de los medios y todas las demás tecnologías que usamos para mantenernos cerca del otro, al mismo tiempo que tranquilamente distantes de aquellos con quienes vivimos. El holograma no es real y sin embargo tendemos a hacerlo nuestra realidad. El problema más grande con eso –hay muchos (el narcisismo, la negación de la muerte, etc.)—es, por supuesto, el de la soledad real que produce.

Coda
Si quisiéramos cambiar el mundo, o si quisiéramos encontrar alguna señal de que estamos yendo en una mejor dirección, en lugar de buscar siempre lo nuevo, nos empezaríamos a interesar por lo viejo, las arrugas y las huellas que el tiempo va dejando en todo. Hacer como los japoneses, por ejemplo, o los anticuarios, que buscan y gozan de las marcas de la historia en las cosas. Que en el ser humano el mayor goce esté presente también, en cada arruga reconocida y honrada por lo que ha impreso la vida sobre uno; en el recuerdo del tiempo y no en su negación o borrado, ni por photoshop ni cirugía.

Querer permanecer detenido en la eternidad espléndida ha hecho de la imagen artificial nuestro nuevo ídolo.

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