Cien días “haciendo obra”

castañeda 2

La gente sí que me asombra en Lima. Cuando hablan de #Castañeda, siempre tienen que hacerlo (imitando, me imagino, al “genio” amarillo), denigrando lo que hizo Susana Villarán . (Algo habrá hecho ella que Castañeda sabe, y le teme. Solo había que ver su mirada de triunfo, cuando anunció que se estaban ya borrando TODOS los murales, para notar que algo sabía del poder de lo que sí había logrado la Municipalidad de Lima durante la gestión de Susana). La gente compara los cien días de obra de Castañeda con los “cuatro años sin hacer nada” de la gestión de Susana. Repiten así, inconscientemente, la misma ceguera del mudo, que se justifica siempre denigrando lo que sí logró la gestión anterior.

Pueden decir todo lo que quieran sobre la mala ejecución en la gestión de Susana, no puedo sino lamentarlo también. Pero grandes obras y grandes intenciones cuestan trabajo, y el trabajo que tuvo Susana Villarán lo tuvo que dividir entre lo que quería hacer y los ataques a los que la sometieron los medios, la intolerancia de la gente, la envidia y la mezquindad. Pero que no haya hecho nada, solo de alguien que ve muy bien y no soporta la obra bien concebida, o de alguien que está ciego, puede esperarse que lo diga o lo piense.

Y es que hay que querer ser ciego para no ver detrás de la peligrosa idealización de “la obra” de gente como Castañeda. Que Susana no hizo nada? Dos cosas cuando menos hizo Susana y de gran alcance.

Susana se enfrentó a la mafia del transporte blandiendo una visión vial urbana de mirada hacia el futuro y conciencia ambiental. Castañeda propone, a cambio, la barrabasada de un Bypass en plena avenida Arequipa, arrasando y destruyendo los bellos árboles y bulevares, y así, el poco de belleza y de paz que quedan en Lima,  que cada vez se vuelve más hostil.

Pero Castañeda no solo es responsable de ese intento mendaz y prepotente de borrar de la imaginación popular la visionaria obra de Rio Verde –como si fuera un sueño imposible o una obra “inexistente”–, cuando es un proyecto de la importancia del que acaban de iniciar, con gran orgullo y transparencia en la progresiva ciudad de Medellín, (http://peru21.pe/…/medellin-anuncia-proyecto-similar-rio-ve…); sino, además, responsable de la inconcebible inconciencia con la que vuelve a soltar por las calles de Lima a las bestias que el esfuerzo de Villarán había logrado encerrar, los Oriones y demás salvajes que ahora nuevamente pululan por nuestras calles aterrorizando a los ciudadanos con su caos y su violencia. Las mafias, gracias al Señor Castañeda –que alguna simpatía les debe tener–, nuevamente reinan en la selva limeña.

El alcalde amarillo dice que “la incomodidad del diario pasa pero la obra queda.” (Claro, con tal de que su nombre quede en cada placa de cada nueva obra, está dispuesto el alcalde a incomodar a toda la ciudad.) Pero si los primeros cien días son una muestra de lo que nos espera, es una obra que, no solo promete mucho sufrimiento diario, sino que además, si queda (y eso aun está por verse), quedará pero para la infamia.

Y si la ciega revancha del alcalde  nos volvió a hacer evidente a nosotros y lo hizo tomar conciencia a él  de su propia gran incultura frente a la reacción negativa de la gente ante la prepotencia del borrado de murales, con quien bajó 15 puntos por su pintura amarilla (vergüenza y pobreza limeña, que solo fueran 15 puntos), Susana empezó a hacer obra cultural de largo alcance durante sus cuatro años, en una ciudad donde el desarrollo cultural puede ser lo único que la salve de la barbarie en la que está, ahora aún más, sumida. En la gestión de Susana se comenzó a articular, ardua, persistente y silenciosamente una mística de cultura, de la que los murales son solo una dramática muestra. Y como esa iniciativa, asi un sinfin de otras, que seguro tendrá Castañeda ya en su ‪lista negra, y de las que nos iremos enterando mientras continua destruyéndolas, como Atila el Huno, para que no quede rastro.

Las obras de Susana no son para el momento, ni para la gloria o el bolsillo personal, sino son obras para el futuro, inspiradas por una visión de la ciudad bien informada y consciente del bienestar del alma urbana. No solo de su utilidad. Son obras que el Alcalde rápidamente quiere matar antes de que crezcan, con la misma desesperación con la que Herodes debe haber mandado matar a los niños cuando escuchó de la amenaza que se cernía sobre su reino. Con la misma prisa y la misma ansiedad, con el mismo atropello (y espero con la misma efectividad) que el rey de Judea, Castañeda ha empezado sus cien primeros días de horror.

¿Es esa la obra que la gente compara con los cuatro años de Susana? 100 días de destrucción gratuita de cosas a toda vista beneficiosas para la ciudad, por la ciega necesidad de “hacer obra”, obra “que quede”, además, al costo de lo que todos nosotros tengamos que sufrir ahora, y todo lo que sufriremos después, también, por su causa… Si eso es “obra”, prefiero el ocio que le atribuyen a Susana, porque de ese ocio algo bueno puede venir, pero de “la obra” de este alcalde, nada bueno vendrá.

Y quien no pueda ver eso, se merece a este alcalde prepotente, ciego –y ya no tan mudo, pero igual de oscuro– que han elegido.

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