La promesa del cine: Imagen, tiempo y filosofía

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Platón, en su famoso mito de la caverna, nos imagina a los seres humanos como prisioneros de la experiencia sensible, que él ve como hecha de sombras que confundimos con la realidad. Esa imagen de la condición humana ha sido seminal para nuestra cultura, pues plantea una agenda que Occidente ha seguido desde entonces: la de trascender la experiencia de los sentidos en busca de la verdad, en las ideas. Podemos reconocerla en nuestro hábito colectivo de subordinar la experiencia al conocimiento positivo o de someterla a los veredictos y criterios de la ciencia. La caverna platónica es así una parábola de la necesidad del hombre de emanciparse de su esclavitud, de alzarse sobre las contingencias de nuestra sensibilidad.

Toda la historia del pensamiento occidental se ha empeñado en un camino de ascenso intelectual, en un intento de superar la “subjetividad” de la experiencia sensible, de alcanzar el conocimiento objetivo que trae la razón. Lo grave en nuestro tiempo es que al privilegiar la inmutabilidad del concepto sobre la mutabilidad de la impresión sensible, nuestra cultura se ha blindado contra el tiempo. Igual que Endimión, quien le cambió la muerte a Zeus por el sueño eterno, el hombre moderno se ha desconectado de su mortalidad. Es como si la visión platónica tuviese, en el fondo, su basamento en una fobia de la muerte.

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El cine, dentro de este contexto, abre una nueva posibilidad, a la vez que responde a una necesidad de nuestra época. El cine trensa las ideas con las vivencias, obliga a un pensamiento concreto, que, lejos de estar abstraído de la sensibilidad, está inmerso en el flujo permanente de lo sensible.  La imagen del cine es la encarnación de la idea platónica; es una idea platónica, podríamos decir, siempre atravesada de tiempo.

El tiempo –la temporalidad de la experiencia y del conocimiento—es una preocupación central en la reflexión filosófica contemporánea; y la técnica y arte del cine están como hechos para acercarnos a él y darnos una experiencia inédita en la historia de la humanidad. Con el cine pensamos ya no solo sobre, sino desde, el torbellino mismo de la vivencia, al que el cine ilumina en su imagen. Como decía Artaud, el cine es un medio para ver “la vida secreta de las cosas”; y lo logra literalmente encarnando a la idea, atravesando al concepto de tiempo.

Como un contra-argumento a la caverna platónica y a la lección que venimos repitiendo hace mas de dos mil años, el cine nos enseña a buscar la verdad cargada de tiempo.  La imagen  del neo-realismo italiano, por ejemplo, o el genio de Bresson o Dreyer, conjugan lo fugaz con lo trascendente en sus imágenes, grávidas de temporalidad; transfiguran la realidad y muestran el aura de lo cotidiano, que Benjamin describía como su “lejanía infinita”. El cine nos devuelve así a las sombras de la caverna platónica, para enseñarnos, no a escapar de ellas, sino a aprender, ahora, a ver desde nuestra oscuridad.

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