POESÍA Y CUERPO

La capacidad del lenguaje de hablarnos a lo mas profundo, es proporcional a su arraigo en nuestro cuerpo. El poder del hombre que habla con sabiduría, el peso de sus palabras, es función de la fuerza del vínculo que las une  con su propia experiencia, de tal modo que cada vez que las pronuncia, es desde ella que siguen hablando. La poesía resulta de esa misma fuente. Y cual es esa fuente? El cuerpo. Lo mas profundo en nosotros está enterrado en las profundidades de nuestro cuerpo, es su tierra.

Cuando, en Il postino, Mario le pregunta a Neruda qué quiere decir con “el olor de las barberias me hacen llorar”, Neruda le contesta que no podría reemplazar esas palabras por ninguna otra, que no podrìa explicarlas por lo tanto; que son tan exactas en su significado que nada podría reemplazarlas. La poesía, le explica, proporciona así la experiencia directa de la emocion a toda alma dispuesta a comprenderla. Como si la transmisión de su significado fuese inmediata, de cuerpo a cuerpo, siempre y cuando haya la disposición de escucha, de recepción de la resonancia de esas palabras que vibran desde la emoción que expresan directamente.

Wittgenstein escribe en IF §531

Hablamos de entender una oración en el sentido en que ésta puede ser sustituida por otra que diga lo mismo; pero también en el sentido en que no puede ser sustituida por ninguna otra. (Como tampoco un tema musical se puede sustituir por otro.) En el primer caso es el pensamiento de la proposición lo que es común a diversas proposiciones; en en el segundo, se trata de algo que sólo esas palabras, en esa posición, pueden expresar. (Entender un poema.)

No solo se está haciendo una distinción relacionada con la que hace Benjamin entre lenguaje burgués y lenguaje expresivo, sino que nos dice algo más. Nos dice además que cuando las palabras son extensión de nuestro cuerpo y no mera herramienta para transmitir contenidos informáticos, entonces ellas son inseparables de lo que dicen como la piel de la mano a la que da su forma.

Como el rostro humano, que en su silencio se mantiene en la fuente misma de toda palabra, vertiendo ya desde se mudez, su sentido, así toda palabra poética nos acerca a través de la emoción a los límites del lenguaje. O a su plenitud.

Pensar en cada palabra como un gesto, con la misma transparencia y la misma opacidad que todo gesto, que al mismo tiempo que revela oculta, en esa oscilacion constante que es la vida y la comunicación, con tanta claridad como es la conciencia, como con la oscuridad que siempre la acompaña. Eso es pensar en la dificultad  de la verdadera comunicación, pero tambien en la inmensa promesa de plenitud del lenguaje, su capacidad de vincular a cada individuo en su singularidad no desde su pretendida igualdad sino más bien desde su diferencia.

En la profundidad de lenguaje está su verdadera esencia y su promesa.  El lenguaje surge del grito como expresión natural, del hombre como animal que desde el silencio mudo del cuerpo se anima a darle voz. Ya como ser pensante, esa voz se complejiza. Se hace promesa y problema.Image.

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One thought on “POESÍA Y CUERPO

  1. Muy interesante post, Victor. Un intento por recuperar un aspecto habitualmente omitido en las consideraciones filosóficas en torno al lenguaje: su arraigo con el cuerpo.

    Me gusta la idea que propones: pensar el lenguaje como extensión del cuerpo. Esto, si bien me hace caer en la cuenta de lo fuerte de este vínculo fundamental entre lenguaje y cuerpo (en tanto el cuerpo es, fenomenológicamente hablando, la fuente originaria de toda experiencia), también me hace pensar en otra relación en la cual la idea de “extensión” está presente: la relación con la tecnología. ¿En qué medida la tecnología es también (en tanto es una suerte de “lenguaje”, ¿o no?) una extensión (ya no natural, sino artificial) de nuestro cuerpo? ¿Y en qué medida, al ya no ser la tecnología una extensión natural sino artificial, ésta modifica, alterna, trastorna o vulnera al genuino cuerpo? Una primera reflexión respecto de la cual me gustaría tu opinión.

    Una segunda reflexión, que me deja pensando incluso más que la anterior, es aquella en la que, asumiendo ya que el cuerpo es la fuente originaria, se considere más específicamente al “rostro” como fuente de la palabra. Con lo cual, entra en esta escena dramática que es la vida, el tema del silencio como condición de posibilidad de toda plenitud.
    Ahora bien, podría pensarse incluso que el silencio mismo es ya plenitud, ¿no crees? Se me vienen a la mente los siguientes versos de la Brihadaranyaka Upanishad:
    “Plenitud aquello, plenitud esto
    De la plenitud, procede la plenitud
    Al quitar plenitud de la plenitud,
    resta sin embargo sólo plenitud”

    Si así fuese, en el silencio estaría la plenitud. Empero — y esto sería lo más curioso — para poder reconocer la presencia de la plenitud, habría primero que pasar por el lenguaje, ya que, al estar éste indefectiblemente arraigado en nuestro cuerpo, y al ser el cuerpo la condición misma de posibilidad de toda experiencia, es éste (el lenguaje) el que nos permite acercarnos a aquello desconocido que nos genera asombro. Así, una vez elaborado un discurso que nos satisfaga acerca de los fenómenos, podremos nuevamente callar.

    Saludos.

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