Más allá de La Victoria

 

Sucesos sociales como los recientemente ocurridos en La Parada de Lima, tienen el poder  –traumático a la vez que luminoso– de despertarnos a la inmensa precariedad social de algunas partes de nuestra ciudad, y de hacernos conscientes de la peligrosidad con la que deben convivir sus residentes; sobre todo en lugares donde tradicionalmente el poder político –ya sea por cobardía o por pura corrupción–  le ha ido cediendo espacios urbanos al hampa y ha abandonado a sus ciudadanos impunemente a la delincuencia. Ese abandono de la gente a la indefensión, esa pasividad de las autoridades ante el crecimiento de las mafias y las bandas de maleantes, hacen que la resistencia de la gente contra cualquier intento de cambio se intensifique principalmente por desconfianza. Por ende, la reacción es inevitablemente violenta, y más agresiva incluso cuanto más irreversible se presente el futuro incierto que le anuncia.

Thomas Hobbes, quien concibió la idea del contrato social y quien vivió durante los horrores de la guerra civil inglesa, se convenció de que la violencia era la condición natural del hombre, a quien acusaba de ser “un lobo para el hombre”, y cuya vida consideraba una perpetua guerra en la que todos acechan a todos buscando su propio provecho. Hobbes concebía el poder absoluto de un soberano como la única solución a esta condición endémica del hombre.  No es de sorprender, entonces, que en una sociedad en crisis crónica como la nuestra, muchos se reconozcan hobbesianos y ansíen una “mano dura” que finalmente haga prevalecer el orden, no importa a qué precio.

La victoria que ha obtenido con general reconocimiento la alcaldesa, es el haber logrado, junto con la PNP, la restitución del orden, el haber aplicado  esa mano dura para recuperar un espacio por más de diez años tomado por el hampa. Este es, claro, solamente un importantísimo primer e inicial paso en una batalla larga y mucho más compleja, que requerirá no solo vencer a las fuerzas del hampa contra quienes se ha batallado sino, además, reflexionar públicamente acerca de las condiciones que nos llevaron a ella, para poder revertirlas. De otro modo no habremos eliminado la causa sino solo un síntoma de la enfermedad subyacente.

Pero más allá de la victoria bruta y de la necesaria reflexión pública el logro de Susana Villarán es algo mucho más profundo e importante. Friedrich Schiller enfatizaba en sus célebres Cartas para la educación estética del hombre, que el Estado debería asumir, como su primera prioridad, la elevación del carácter moral de la gente mediante la exposición continua a la belleza. Aunque tal vez no sea precisamente de la belleza que nos haya dado una imagen la alcaldesa, es en ese orden que radica su verdadera victoria. En su lúcida determinación, en su compromiso férreo con su visión de una ciudad más sana, ha logrado inspirar sentimientos de solidaridad y mutuo respeto indispensables para imaginar un futuro común. Ha elevado el carácter moral de la gente mediante su conducta íntegra y ejemplar.

Quizás sea esa intuición Schilleriana de la importancia de lo estético también lo que anima su decisión de transformar el espacio del mercado en un gran parque público, donde la gente pueda empezar a imaginarse y a aquilatar los valores de una vida en libertad y plena democracia.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s