Apuntes hacia una Ciberfilosofía (1)

Preludio

Quisiera empezar con una imagen, que contextualizo en función de las siguientes  tres reflexiones de fondo.

La primera es la afirmación que hace Tarkovski, que dentro de una sola imagen de la serie de imágenes editadas para hacer una película, se encuentra ya en potencia toda la película. Esta afirmacion de Tarkovski evoca para mi  la estructura de patrones fractales repetitivos sobre los que desarrolló ayer el profesor Levy su ontología de algoritmos rizomáticos. Lo que dice Tarkovski apoya esa visión, al igual que lo hace la idea de que el macrocosmos es reflejado por el microcosmos y viceversa,  como las mismas estructuras pero en diferentes registros; pero más que eso, y esta es mi segunda reflexión inicial, apunta a una epistemología que involucraría una facultad mimética, que es como Walter Benjamin llama a la capacidad de reconocer semejanzas extrasensoriales, que él acusaba en decrepitud creciente a mediados del siglo pasado. A mí me parece que con la explosión de los medios se revierte esa proceso y más bien se propicia por la misma naturaleza de estos, el cultivo de una capacidad asociativa que podría decirse que está reactivando esa facultad mimética.  Finalmente, mi tercera reflexión tiene que ver con el psicoanálisis y el lugar central que le da a la imagen, en particular a la imagen onírica que manifiesta una lógica que sobrepasa y es a veces invisible a la lógica racional pero que puede ser fuente de grandes revelaciones. Como si los sueños en sus imágenes, encerrasen por su densidad sensible una fuente inagotable de asociaciones y relaciones internas de sentido que a nivel colectivo se articulan en los mitos. Los mitos son los sueños colectivos, producto de un proceso inconsciente colectivo. Y entonces el cine puede verse como el registro de imágenes del inconsciente colectivo de nuestra época.

Con esas tres observaciones quisiera entonces que tomásemos esta imagen que les presento que pertenece a la tercera parte de la magnífica trilogía Qatsi de Godfrey Reggio http://en.wikipedia.org/wiki/Qatsi_trilogy  (a quien tuvimos la suerte de tener entre nosotros hace unos años).

La película es del 2002 y se llama Naqoyqatsi, que en el idioma hopi significa: “vida en guerra” y representa nuestro tiempo. La escena que he seleccionado me parece que le da una dramática imagen a  nuestro tema. Podríamos quedarnos hablando solamente de lo que nos dicen estas imagenes y podríamos llegar eventualmente a tocar todos nuestros temas.
Pero no vamos a hacer eso en esta ocasión. Lo que me interesa rescatar para nuestros propósitos primero es el  asombro(θαυμάζω) que nos produce esta imagen, que quiero distinguir de la “curiosidad”, que pretende más bien solucionar sin contemplar sino de paso la impresión del misterio, de que aquello que nos interroga siempre nos sobrepasa, que en última instancia es inagotable. Me parece importante definir de esta manera inicial e impresionista la actitud que me parece que debe de primar en nuestra aproximación a los cambios que estamos presenciando en nuestra época.

1. LA AMENAZA DE LOS NUEVOS MEDIOS

Nuestra época es una época asombrosa, por la revolución de todos los paradigmas que estamos viviendo. Es también una época intimidante por la vitalidad caótica y vertiginosa que la caracterizan, que por su misma intensidad y volatilidad requieren de una reflexión urgente.

Ahora otra vez, una nueva revolución mediática amenaza a nuestra cultura del mismo modo como sucedió cuando los poetas homéricos fueron desplazados por la escritura, especialmente a partir de Platón; y en el Renacimiento en que la prensa de Gutenberg transformó a la cultura occidental, masificanco la escribalidad.  Ahora, los paradigmas que nos han servido por tanto tiempo están requebrajándose y desplomándose frente a una realidad que cambia literalmente minuto a minuto.  La ciencia, como bien advertía Heidegger, “no piensa” y el raudo avance de la tecnología sobre el mundo actual requiere  de un tipo de reflexión que, al mismo tiempo que aprovecha los nuevos medios, debe romper con hábitos y valores comunes para cumplir con su objetivo. Pero tambien se abre “un nuevo espacio de comunicación” y depende de nosotros, como lo dice Levy, “explotar su más positivo potencial en el nivel económico, polìtico, cultural y humano.” (Introduccion, Pierre Levy, Cyberculture, p. ix)).

Desde nuestra práctica académica, Eduardo Marisca y Erich Luna han descrito los cambios materiales por los que está pasando ya el estudio de las Humanidades en esta nueva era (http://textos.pucp.edu.pe/textos/ver2/2276)[1], y han observado que la investigación de los fenómenos ocasionados por las redes no puede someterse al tempo ni a la actitud investigativa tradicional de la academia. Si hemos de pensar seriamente lo que está sucediendo alrededor nuestro, si hemos de darle conciencia a nuestra tecnología, entonces debemos aprender no solo a investigar sino, más que eso, a pensar y reflexionar de otra manera. Y esto quiere decir, en muchos sentidos, renunciar a muchas de las prácticas e incluso de los criterios que hemos aprendido a  valorar hasta hoy, para aprender a navegar en el vertiginoso flujo de los nuevos medios.

Si es cierto que aquellas facultades y valores que han constituido la base de nuestra cultura por más de dos mil años están siendo desplazados por las nuevas prácticas y hábitos implantados por las cibertecnologías, es natural que  la primera reacción sea la de la alarma y la resistencia. De hecho esa resistencia y alarma son fuente de algunos de los debates más polarizados en nuestra sociedad, acerca de  lo que Vargas Llosa, representando a uno de los polos extremos, ha llamado “la civilización del espectáculo”, título de su libro que hace eco del escepticismo y expresa la ansiedad que en alguna medida sentimos todos aquellos que pertenecemos a las generaciones del siglo pasado (http://mario-vargas-llosa-premio-nobel-2010.blogspot.com/2011/07/mas-informacion-menos-conocimiento-dom.html). En algun otro momento escribí sobre esta situación las siguientes líneas:

Así Nicholas Carr, por ejemplo, comentando sobre su uso constante de la Internet, observa preocupado que su forma de pensar está cambiando, su mente acostumbrándose a recoger información en un flujo continuo de elementos en rápido movimiento de la misma manera y al mismo ritmo en que la distribuye la Red. “Una vez fui un buzo en las profundidades del mar de palabras”, se lamenta, “hoy simplemente me desplazo sobre la superficie como alguien sobre esquíes acuáticos”. Y Alonso Cueto, más cerca a nosotros, también con la misma sensación y en relación a la experiencia del Facebook, acusa que la nuestra es ya “una cultura que vive bajo el imperio del presente. Ni la carga del pasado ni la responsabilidad del futuro que son tiempos densos pueden interrumpir el contacto fugaz del facebook… El presente ofrece el paraíso de lo fugaz. Esta es la esencia del facebook y del culto moderno”. (conferencia inaugural, Facultad de Letras y Ciencias Sociales, 2011)

Aunque reconozco la ansiedad a la que dan voz estos autores, no me entrego a su pesimismo, pensando que “solo un cataclismo nuclear que nos regrese a las cavernas” podría salvarnos, como lo pone Vargas Llosa.  Toda nueva técnica siempre produce ansiedad, porque significa la pérdida de lo conocido. Prefiero quedarme con la tensión y la paradoja del momento, ver las restas en esta ecuación como signos más bien de nuevas sumas aun sin calcular, que como indicios de un supuesto apocalipsis.  Además, la pérdida que significan los medios y la carga afectiva que necesariamente tienen para quienes nos hemos aprendido a identificar con ella y sus valores, nos tienen que hacer ciegos a lo que, a través de esas pérdidas, indudablemente se está forjando como una nueva forma de pensamiento y percepción. Es natural, que acostumbrado a pensar con la secuencialidad de la imprenta, por lo menos desde la modernidad, el hombre occidental haya identificado lo “racional” con el pensamiento lógico. Pero de la perspectiva alfabética o escribal desde la que los estamos mirando los cambios, es imposible encontrarles validación.

El hecho es, sin embargo, que poco a poco en muchos aspectos y campos de la vida y cultura contemporánea, el antiguo orden va perdiendo su vigencia y legitimidad sin que podamos hacer nada para detenerlo. Desde la organización de las aulas en la universidad diseñadas para una escribalidad que ya está de salida, hasta las normas de etiqueta social, que cada vez se observan menos en las sociedades más vitales del globo. Como lo presagió McLuhan, una reconfiguración de nuestra conciencia es inevitable debido a la tecnologización de nuestra cultura. Y la tarea más difícil es más bien tratar de avizorar los aspectos nuevos de estas transformaciones que van constelizando un paradigma que quizás aun nos es inconcebible.

Demás está decir que aquí hay una tarea inmensa para la filosofía. Pero el reto es precisamente el de poder mutar incluso en su concepción de sí misma. Pues independientemente de cómo estemos inclinados a valorarlos, estos cambios parecieran estar instaurando una nueva lógica que es necesario articular y hacer consciente.  (Considero el proyecto de sistematización que nos propuso ayer el Profesor Levy como un intento en esa dirección). Así que frente a afirmaciones apocalípticas respecto a nuestro futuro con la tecnología  yo prefiero citar a Giorgio Agamben quien, refiriéndose en general a nuestra convulsionada época, observa que no se trata en estos tiempos de angustiarnos con las visiones fantasías que nos asaltarán indudablemente al presenciar la debacle de nuestro paradigma tradicional, sino de ver qué hacer en la catástrofe que nos ha tocado vivir, para empezar a hacerle espacio al nuevo paradigma que tiene que surgir más allá de las ruinas del presente. Y más bien recuerdo que Platón, el más importante y seminal de los filósofos de nuestra tradición, quien tanto nos advirtió en contra de la escritura porque nos haría olvidar justamente la diferencia entre la información y lo que es el verdadero saber,  fue también el primero que usó le escritura como medio de su pensamiento. Y dos mil años más tarde esa técnica se ha convertido no solo en el cimiento de nuestra civilización, sino también en la fuente de nuestros más preciados ideales y ahora otra vez de nuestras mas grandes ansiedades.  Y aqui nuevamente estoy de acuerdo con Pierre Levy, cuando dice que es menester “reconocer antes de juzgar los cambios cualitativos en la ecologia de los signos,  el medio extraño que resulta de la extension de las nuevas redes comunicacionales a traves de la vida social y cultural” (Levy, Cyberculture, p. x). Pero en esta situación es necesario ejercitar una actitud de acquiescencia, de serenidad frente al cambio, de evaluar y sopesar antes de juzgar,  aprender a vivir con una dosis de opacidad para eventualmente ver en la oscuridad, aunque esa visión termine siendo completamente otra. Esto quiere decir fenomenológicamente someterse al efecto de los medios, en la medida de lo posible tomar conciencia de como nos están transformando y preguntarnos en que direccion avanzamos y si queremos esa direccion.

2. ANTICIPACIONES FILOSÓFICAS

Aunque frente a la experiencia que estamos enfrentando con los medios es fácil caer en el extremismo, es bueno considerar que varios filósofos ya desde el siglo XIX, dirìa yo, han estado anticipándose a los desarrollos en nuestra experiencia que se han ido produciendo, y han ido forjando o anunciando en sus reflexiones caminos nuevos y más idóneos de los tradicionales, por lo menos de parte de la filosofía.

Pienso en Stanley Cavell,  quien hablando de los textos de Wittgenstein comenta que estos son textos que “han debido crecer fuera de la matriz”, como un feto fuera del útero materno, es decir, carentes de una audiencia que los cultive o que los entienda. El mismo Wittgenstein parecía presentir esto cuando afirmaba que él estaba escribiéndole a amigos “alrededor del globo”, que probablemente solo lo entenderían cien años más tarde (y agrega que entonces se preguntarían por qué tenìa que decir cosas tan obvias).

Y efectivamente, Wittgenstein estaba consciente  de que estaba teniendo que romper nuevo terreno. Esta es su confesión en el prólogo de sus Investigaciones filosóficas –texto seminal para el pensamiento del siglo:

Mi intención era desde el comienzo reunir todo esto alguna vez en un libro, de cuya forma me hice diferentes representaciones en diferentes momentos. Pero me parecía esencial que en él los pensamientos debieran progresar de un tema a otro en una secuencia natural y sin fisuras. Tras varios intentos desafortunados ….me dí cuenta de que eso nunca me saldría bien…que mis pensamientos desfallecían tan pronto como intentaba obligarlos a proseguir, contra su inclinación natural, en una sola dirección….la naturaleza misma de la investigación…nos obliga a atravesar en zigzag un amplio dominio de pensamiento en todas las direcciones….como un conjunto de bosquejos de paisajes que han resultado de estos largos y enmarañados viajes…. Así pues, este libro es en realidad sólo un álbum.

Habría mucho más que decir sobre Wittgenstein y su estilo en la medida en que dependen al mismo tiempo que van forjando una forma de reflexión más asociativa y fragmentaria, en la medida en que desplaza la argumentación en favor de la ilustración o la explicación por la simple descripción. Incluso uno quisiera decir que de lo que se está percatando Wittgenstein es de la forma cómo su estilo propicia un cambio en la forma de pensar, o como lo pondrìa más adelante McLuhan, que “el medio es el mensaje”. Esa intuición sería la que, según Cavell, debía madurar sin el beneficio de una matriz, en la intemperie por así decirlo, sin una audiencia ni ningun contexto que la soporte.

Pero es por un lado. Por otro, observo que en un ensayo que escribe  Didi-Huberman para la exposición del archivo de imagenes de Aby Warburg que hace un par de años se realizó en Madrid bajo el título de “Atlas”, bien podría estar hablando del album de Wittgenstein o sobre la nueva mirada o forma de pensar que imponen las redes:

el atlas trastoca todos los marcos de inteligibiidad de la forma moderna de captar el mundo, introduce una impureza fundamental –pero tambien una exuberancia, una notable fecundidad….Contra toda pureza epistémica, el atlas introduce en el saber la dimensió sensible, lo diverso, el catácter lagunar de cada imagen……Quiebra[n] las autoproclamadas certezas de la ciencia segura de sus verdades y del arte seguro de sus criterios. Inventa, entre todo ello, zonas intersticiales de exploración, intervalos heurísticos. Ignora deliberadamente los axiomas definitivos. Y es que responde a una teoría del conocimiento expuesta al peligro de lo sensible y a una estética expuesta al peligro de la disparidad. Por su propia exuberancia, deconstruye los ideales de unicidad, de especificidad, de pureza, de conocimiento integral. Se trata de una herramienta, no del agotamiento lógico de las posibilidades dadas, sino de la inagotable apertura a los posibles no dados aun. Su principio, su motor, no es otro que la imaginacion. Imaginacion: palabra peligrosa donde las haya …. (Atlas ¿Como llevar el mundo a cuestas?, p. 16)

Didi-Huberman habla de las imagenes de Warburg y se refiere a una forma de pensar cuyo objetivo (que conecta a Derrida y a Nietzsche) es mostrar el vínculo secreto entre las cosas http://vimeo.com/18063038, que es precisamente lo que Benjamin hace su objetivo en su proyecto de los Pasajes (Passagenwerk, 1927-1940), cuyo estilo es también fragmentario, discontinuo, hibrido, imaginal e hiper-textual. Benjamin al igual que Wittgenstein (como lo observó Pierre el otro día en nuestra conversación) son filósofos que se adelantan ya a nuestra época y empiezan a escribir hiper-textos….. antes de la invencion del hipertexto.

Cómo hubiese sido Benjamin en la época de los blogs! O Wittgenstein en la época del Twitter!

Lo que quiero decir es que estos filósofos empiezan a forjar las condiciones para un pensamiento asociativo, azaroso, sensible, donde los vínculos de sentido se hacen por saltos imaginativos más que por razonamientos lógicos. De hecho la imaginación pareciera ser el medio de pensamiento en el internet donde, como lo explica David Weinberg, el ilimitado espacio virtual nos ofrece la oportunidad de replicar el mismo objeto tantas veces como queramos o de tantas maneras (en relación con cuentas cosas o categorías) se nos ocurra para vincularlo con otras cosas. No hay una sola manera, lógica secuencial de ordenar las cosas, no hay una sola forma en la que el mundo es, sino tantas maneras y tantos órdenes como la imaginación sea capaz de formular.  Y esta posibilidad, el comercio con este nuevo espacio ilimitado,  nos afecta a todo nivel de tal modo  que empezamos a vivir rizomáticamente en nuestras vidas diarias. ¿No somo acaso todos ya, en una medida u otra, “multitaskers”, seres hiper-conectados, siempre cortos de tiempo –abrumados por el manejo de una temporalidad que avanza e diferentes ritmos en los dos mundos que empezamos a habitar? Incluso en nuestras actividades diarias, es imposible ya hacer las cosas secuencialmente, intervenido nuestro tiempo y nuestro espacio por los aparatos tecnológicos que nos conectas a tantas diferentes cosas simultáneamente. Ya no hacemos las cosas de manera lineal y secuencial, y a pesar de que nuestras instituciones, todas obsoletas en sus estructuras, se empeñan forzarnos a pensar y actuar jerárquicamente, las redes están ya encargándose de desbaratar eso. Se filtra a través de la red la subversión del sistema imperante, por todos lados. Wikileaks http://en.wikipedia.org/wiki/WikiLeaks  y Anonymous http://en.wikipedia.org/wiki/Anonymous_(group)  son tan solo el comienzo, que es responsible de producir un pandemonio social y psicológico en nuestra cultura, como es obvio en la polarización de actitudes y posiciones frente a los nuevos medios, como lo es también por las diversas condiciones psicológicas (ADS, hiperactividad, etc.) que nos invaden e intentamos simplemente patologizar y controlar por fármacos.

Cada uno de nosotros es testimonio en su propia vida de como, por ejemplo, la exposición permanente a las pantallas por todas partes, o la sujeción al sistema de todas nuestras actividades –por no entrar en la paranoia de la sociedad de la vigilancia de la que hablaba Alexandre Lacroix hace un par de días, o la histeria del facebook y la presión de las demás redes sociales– han acelerado nuestra vida y han distorsionado nuestra concepción del tiempo de tal forma que todos estamos siempre corriendo contra el, sobresaturados de proyectos en curso….

Es como si soplase efectivamente  un huracán, como decía Benjamin, que nos empuja irremediablemente hacia el futuro… https://www.facebook.com/notes/victor-j-krebs/una-visi%C3%B3n-de-nuestra-obsesi%C3%B3n-contempor%C3%A1nea/423693117609

Y si esto es asi, entonces el futuro se prepara tambien en nosotros. Pues no solo estamos nosotros sintiendo que nuestra vida esta cambiando, como era inevitable dada la tecnologización de nuestra cultura y considerando que, como decia McLuhan, los medios son extensiones de nosotros y que como tales implican siempre una transformación en nuestra propia existencia;  sino que además las nuevas generaciones ya están mutando de maneras realmente sorprendentes.  En ningun momento de la historia ha sido eso más evidente que en los últimos años[2].

Sirva este video de ejemplo de los cambios mutacionales en nuestras capacidades perceptuales y el potencial inmenso que se abre para la culturización de los niños gracias a los nuevos medios y el mundo virtual:

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=aXV-yaFmQNk

Es impresionante ver al bebé de menos de un año de edad primero reaccionar frente a las revistas como frente a un ipad defectuoso, primero probando las diferentes páginas, luego las diferentes revistas hasta finalmente  probar a ver si su dedo no está “funcionando”. Aprendiendo, en otras palabras, desde antes de tener uso de la razón, a distinguir espacios de acción nuevos que desarrollan capacidades que generalmente no han sido explotadas. Su dedo ahora es “mágico” como la nariz de ese personaje de televisión de los años ochenta, la Hechizada, que se movía para hacer mágicamente real aquello que deseaba. McLuhan decìa que los medios eran extensiones que transformaban radicalmente las proporciones y dinámicas de nuestra existencia y aquí estamos ante la génesis de una nueva dinámica de proporciones aun inconocidas.

Pero esos cambios no son solo en nuestra concepción sino nuestras propias facultades; como especie, estamos desarrollando reflejos y respuestas en nuestro propio organismo que trae consigo nuevas formas de ver las cosas y por lo tanto, es de esperar, otras formas de conocimiento tambien. Las formas como aprendemos, como nos comunicamos, como podemos empezar a ver y percibir el mundo, todo está siendo trastocado por este nuevo mundo.

continuará…..


[1] El análisis fue casi estrictamente operativo, sobre las maneras específicas en las cuales un investigador en las humanidades podría aprovechar nuevas herramientas digitales para ampliar o difundir su trabajo de maneras creativas. Pero en el contexto de ese artículo deliberadamente no abordaron la cuestión más de fondo, de cómo el uso de esas herramientas afecta no solamente las condiciones de producción, sino también las condiciones de lo producido: cuando hacemos teoría en y sobre la tecnología, ¿cuáles son las condiciones diferentes, singulares de esa teoría? (temas que trata la ponencia de ALEJANDRO LEON)

[2] La transformación en la manera como nos comunicamos está cambiando no solo nuestra relación con la palabra sino la forma como concebimos la privacidad y la publicidad, los límites entre lo mío y lo de los otros;  la forma cómo tratamos la información  y su proliferación que ha hecho a muchos hablar de un diluvio y la distinguimos de (o empezamos a confundirla con) el conocimiento y lo que me parecen ser temas de reflexion filosòfica que hacen pensar a la filosofìa acerca de sì misma frente al fenómeno y frente a la experiencia o su ser en las redes.

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