LO QUE ESTA EN JUEGO EN LA PUCP

He permanecido tanto tiempo sin decir nada sobre el problema de la PUCP, en parte porque me he quedado estupefacto frente a la forma cómo la estrechez y oscuridad del medioevo tienen aun el poder de incursionar tan fácilmente en nuestra época, y pasar por tanto tiempo desapercibidas.

Hoy salió esta nota en el New York Times (http://www.nytimes.com/2012/08/02/world/americas/catholic-church-and-university-in-peru-fight-over-name.html?pagewanted=2&_r=2&hp), en general bastante objetiva y clara. Pero en algun momento se caracteriza la batalla que se está librando en la PUCP, como una batalla entre la izquierda y la derecha “dentro de la Iglesia.” Eso me parece que pierde de vista el contexto completo. Se trata en realidad de algo mucho más grande. Es una lucha entre, por un lado, una derecha en nuestra cultura (aqui presente bajo el antifaz de la religión), que vive en la cultura del oscurantismo medieval, con sus hipocresías, sus persecuciones, quemas e inquisiciones –ciega al mundo y cómplice de muchas de las miserias que vivimos hoy–, y por otro lado, una mirada lúcida y crítica acerca de las necesidades reales de nuestra época, que aboga por un cuestionamiento permanente de toda estructura que impida la libertad de pensamiento y la plena validación de la pluralidad humana en todas sus dimensiones.

La Iglesia Católica se ha mostrado en los últimos tiempos tan desconectada de lo que está pasando en el mundo, que causa sorpresa y ansiedad que a pesar de ello se pueda pensar que sus intereses en esta batalla sean otros que los de la perpetuacion de su poder terrenal o que un centro de conciencia como lo es la Católica tenga que hincarse ante sus demandas medievales. Al diablo con la libertad de expresión, parecieran creer; “la Verdad la tenemos nosotros”. Si eso es la fe Católica, ¡hay que quitarles el nombre a ellos! Estamos ya demasiado conscientes en el mundo actual para que esa actitud y ese discurso puedan pasar en estos dìas por un discurso o una actitud aceptables.

La polarización pertinente aqui, entonces, no es solo interior a la Iglesia. Es la polarización en nuestra época, entre una cultura vital y una Institución (en este caso, irónicamente, una institución religiosa) como instrumento de poder político y material. Esta lucha es, en otras palabras, paradigmática (y sintomática) de lo que está pasando en el mundo, no solo en la PUCP o en la Iglesia Católica. Y el paso que está dando la PUCP al enfrentarse a este monstruo, no es sino el de un valiente David frente a un Goliat a quien le está llegando ya su hora. Es, finalmente, un paso claramente en la dirección más saludable para la cultura, con repercusiones universales, es decir repersuciones católicas, en el verdadero sentido de la palabra.

Ahora solo queda hacer que la gente se entere de qué se trata en realidad esta contienda, para que salgamos rápido de la maraña en la que nos han envuelto intereses mundanos, totalmente ajenos a la misión formativa de la universidad y de quienes la constituimos como comunidad intelectual. Esa es la labor que nos toca a quienes estamos comprometidos con los valores de la educación, del libre pensamiento, de la justicia y la solidaridad por encima de todas las diferencias.

Si gana la Iglesia, gana el oscurantismo y la prepotencia, el poder material por sobre los ideales que mantienen a una cultura alerta, despierta y floreciente. La PUCP es ahora sìmbolo de esa lucidez, precisamente porque en la universidad no puede haber una unica forma de pensar. Se trata de salvar una luz que no solo permita la diversidad a la que la Iglesia siempre le ha temido, sino que la alimente y la proteja contra los poderes de la estupidez, la cobardía o la mezquindad humana, que se resisten siempre a lo Otro, a lo diferente, por puro temor al cambio y a lo que la historia nos enseña siempre en la transformación que es la vida.

Todo país requiere de una conciencia, y esa conciencia no puede de ninguna manera identificarse con una institución, sobre todo cuando la institución se identifica con sus propias ilusiones totalitarias. En el Perù no podemos permitir que se silencie a ningun centro de conciencia. Y en el siglo XXI es una vergüenza y un escándalo si se permite un tal retroceso.

Ese es el tamaño de la encrucijada en la que la PUCP se encuentra en mi opinión.

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