La irreductible diferencia entre Universidad y Empresa

Leyendo la columna de Jorge Secada*,   de quien siempre hay mucho que aprender, me quedé pensando que el lenguaje que usamos a veces nos traiciona. Y es que Jorge usa una expresión, aun cuando no sistemáticamente, que va justamente en contra de la diferencia que está tratando de reflexionar entre lo que yo llamaria universidades empresariales y universidades vocacionales.

Cuando decimos que en la universidad se trata de “la “producción de conocimiento”, por ejemplo, estamos ya adoptando una perspectiva que deberíamos rechazar si queremos hacer la distinción. Pues de otra manera la diferencia entre ver a la educación como una empresa o no, pierde importancia frente a la afinidad que se esconde tras la idea del conocimiento como producto.

Yo concibo el objetivo de mi labor docente no como la formación de “productores de conocimiento”, sino de personas capaces de pensar lo que viven con profundidad y de actuar consecuentemente –con refinamiento y nobleza– produzcan o no conocimiento. En ese sentido el contenido de lo que les enseño es menos importante que la forma cómo este les permite aprender a pensar.

Y es ahí donde diría yo que se encuentra más bien la diferencia a la que está aludiendo Jorge en su reflexión. Hay aquellas universidades que quieren lucrar de la educación “produciendo” (“productores” de) conocimiento, cuyo valor miden en función de número de títulos y publicaciones producidos; y hay aquellas otras universidades para quienes la educación no es un negocio sino una actividad de formación de personas pensantes, íntegras y críticas. algunas de las cuales se quedarán en la academia para crear conocimiento, pero la mayorìa de quienes no. Claro que este es un logro (no “un producto”) mucho más difìcil de cuantificar que en número de publicaciones o de títulos concedidos.

Esta confusión, que se forja subrepticiamente al hablar de la producción del conocimiento, está borrando la verdadera diferencia y es responsable además, de que universidades que no son ni se ven como empresas, cada vez se vuelvan más empresariales y adopten cada vez con más ahínco, criterios de evaluaciòn que no solo no se les adecúan sino que además pervierten su misión.

Lo verdaderamente importante siempre es imponderable, y eso no hay que perderlo de vista sobre todo en algo tan intangible como puede serlo la formación del alma, que es en última instancia de lo ùnico que se trata la educación. Por lo menos la educación que a mí más me importa.

* http://diario16.pe/noticia/16533-universidades-y-universidades,

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