Otra vez sobre el alma nacional y su cura.

Hace un par de meses escribí un pequeño texto para la edición especial que preparaba la Revista del Instituto de Defensa Legal, Ideele, celebrando sus 20 años y su número 200.  El encargo, tal como lo entendí, era escribir algo acerca del Perú, acerca de nuestra conciencia nacional hoy.  Y así escribí este texto donde pretendía señalar lo que me parecen nuestros principales complejos colectivos y, especialmente, el momento privilegiado en el que nos encontramos hoy, en el cual comienza a materializarse un gran potencial peruano en el escenario internacional, y que no es sino una inesperada oportunidad que nos brinda el presente para empezar a superarlos.

A pocos días de haber enviado el texto a la revista, Alan García comenzó a hablar del 2021, introduciendo la  idea del Bicentenario patrio como un objetivo hacia el cual proyectar nuestras visiones de país. Pienso que este podría convertirse en un poderoso instrumento para animar la imaginación colectiva y así servir de incentivo para alimentar la voluntad política hacia los cambios necesarios para salir realmente adelante –no solo en la economía sino donde más importa quizás: en nuestra conciencia nacional, en nuestra cultura.

En ese sentido, lo esencial es la educación, a todo nivel y en todo sentido. Sin cultura estaremos condenados en nuestro país a continuar a la merced de la demagogia y la corrupción y sujetos a la proliferación de todos nuestros más oscuros complejos.  Hasta que no logremos forjar un sentido de comunidad, hasta que no aprendamos a vernos no como rivales, contrincantes, enemigos, sino como aliados, socios y hermanos  no lograremos, como país, nada duradero.

Con la noticia del Nobel de Mario Vargas Llosa hace un par de días–que ha sido como un bálsamo para nosotros en una semana funesta, en la que  sufrimos aun el difícil parto de las elecciones municipales (aun en proceso, como una llaga infestada)–, se confirma la intuición que expresara en el texto de Ideele, de que estamos en un momento privilegiado para nuestra conciencia nacional,  en un K’airos que no podemos dejar de aprovechar para propiciar cambios de fondo, fortalecidos hoy por los aires de bonanza que soplan en torno a nuestra identidad nacional.

Les dejo aquí el texto de Ideele al que he estado aludiendo:

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