Cuerpo y palabra

¿De donde surge la palabra? ¿Cómo está relacionada la palabra con nuestra corporalidad? Cuándo es que la palabra suena hueca o nos confunde, y cuándo nos resuena y alimenta? Aquí unas líneas a partir de dos filósofos y una reflexión de Cortázar en Rayuela.

En la experiencia que tenemos con el uso fluido de una herramienta (o en cualquier experiencia del cuerpo en que nuestra conciencia y nuestro cuerpo fluyen en una sola frecuencia), estamos frente a un saber mudo pero profundo en la raíz de nuestro ser. Es el mismo saber corporal que está presente en nuestro fácil movimiento en el espacio, por ejemplo, donde diversos niveles de conciencia están al tanto de como movernos, como evitar tropezones, etc. Es un saber responsable, además, de nuestra afinidad y balance con el mundo que nos rodea,  que hace posible nuestra existencia.

Heidegger observa que la conciencia que tenemos de nuestra existencia solo viene a cambio de la ruptura de esa unidad, de un quiebre, como el que sucede, por ejemplo, cuando se malogra la herramienta que estamos usando, pero en general  en cualquier aspecto y ámbito de nuestra existencia cuando de pronto se rompe nuestra inmersión en el mundo.

La súbita conciencia que se produce con el quiebre en la fluidez o armonía natural nos desconecta de ese saber callado que pareciera, sin embargo, estar siempre piloteándonos desde las catacumbas de nuestro ser,  imperceptible a toda conciencia racional, y que da lugar a un evento que, al parecer, solo el hombre conoce: el evento del pensamiento y del lenguaje.

Si los animales experimentan en algún momento ese quiebre, parece ser que no son capaces de avanzar al pensamiento (por lo menos no al pensamiento tal como lo concebimos).  El surgimiento de la conciencia siempre viene acompañado de un ruptura con el suelo natural; el animal nunca lo pierde. Si lo perdiese tendría que hablar. Si hablase tendría que perderlo.

Ahora bien, el pensamiento y el lenguaje que surge de ese quiebre es un arma de doble filo. Como se dice, es una bendición al mismo tiempo que una maldición. Esa desorientación momentánea que viene con el quiebre de la fluidez en nuestra experiencia natural, es decir, al advenimiento de la conciencia, nos ofrece dos posibilidades, ambas abiertas por nuestra capacidad del habla, o:

(1) nuestras palabras son capaces de  reconectarnos y permitir así un nuevo fluir, ahora  ya cargado del saber obtenido del quiebre, el cual  se sedimentará gradualmente en la carne y la sangre misma de uno y se hará patente en cada una de las palabras que uno pronuncie, o

(2) nos extrañará, haciéndonos ignorar primero y luego olvidar ese saber carnal, para articularse en un conocimiento intelectual desconectado de su origen. Y por su misma desconexión no solo nos desorientará, sino que empezará a plantearse preguntas tuertas para las que no habrán sino respuestas tuertas. (Wittgenstein llama a esa lenguaje un lenguaje ocioso,”de vacaciones”, queriendo decir un lenguaje en el que las palabras trabajan en el vacío. Gran parte del lenguaje filosófico, insiste, es de ese tipo).

La dinámica de la que hablamos, de quiebre y conciencia y luego pensamiento y lenguage, es la misma, pienso yo, que en nuestra conciencia Occidental ha causado lo que Heidegger llama un “olvido del Ser”.  Kierkegaard apunta en la misma dirección cuando escribe que tan obsesionados estamos con el conocimiento intelectual, que nos hemos olvidado de la existencia y de la importancia de la subjetividad. (La conciencia ecológica, dicho sea de paso, depende de la superación de ese olvido)

Para que nuestras palabras no nos aparten de la existencia, para que aprendamos a pensar con plena conciencia en lugar de olvidarnos del Ser es necesario, es indispensable,  una vuelta al suelo original. Esa es la labor que le asigna al filósofo Wittgenstein, es decir, la de “reconducir a las palabras de su uso metafísico a su uso cotidiano”.  Reconectar nuestras palabras con la realidad, para que no se vuelvan “metafísicas”, para que no se pierdan en el pomposo y vacío vuelo de la razón desconectada del cuerpo….

El momento filosófico paradigmático sería entonces aquel en el que se libra una lucha contra  la tendencia que tenemos de extrañarnos de lo real y concreto y vivir desde la especulación abstracta y en la fascinación de lo ideal.

(El que nuestra tecnología permita realizar concretamente esos ideales no los hace más reales, antes bien dramatiza la gravedad de la evasión de la existencia que ellos alientan.)

Cierro aquí con una cita de Rayuela, cuyo método  parece responder precisamente a esta concepción de la reflexión filosófica que estoy desarrollando a la luz de Wittgenstein. En la medida en que introduce en su estructura un método de fragmentación y asociacionismo, por ejemplo, podríamos decir que el libro está diseñado para realizar una reflexión eminentemente filosófica en el sentido de ariba, es decir, para  combatir esa mentalidad idealizante mediante la cual nos desconectamos del cuerpo. Y lo que quisiera enfatizar es que en última instancia ese nuevo método  apela sin reparo ni escrúpulo a nuestra experiencia carnal. La coloca como piedra de toque en la constitución de nuestros conceptos y, por lo tanto, en la constitucion de nuestra realidad:

El dolor, empieza Cortázar, es un arma doble: “Todo dolor me hace sentir como nunca el divorcio entre mi yo y mi cuerpo…y a la vez me acerca mi cuerpo, me lo pone como dolor. Lo siento más mío que el placer o la mera cinestesia. Es realmente un lazo.” (Rayuela, 83)

Tenemos en este breve pasaje el comienzo de una argumentación desde una racionalidad eminentemente visceral con el que se puede empezar a forjar nuevos  conceptos de un pensamiento más sintonizado con la experiencia que con su idealización, consciente en otras palabras de nuestra tendencia constante a huir de nuestra realidad.

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4 thoughts on “Cuerpo y palabra

  1. Pero, me pregunto como reconectarnos en este mundo donde las palabras viajan cada vez con menos limites; la web, en especial la 2.0 se alimenta de palabras que estan lejos de la corporalidad.

    Se me hace patente de manera cada vez mas clara el divorcio (cuerpo/alma) justamente en aquellas redes que supuestamente nos integran.

    Como experimentar la union de ambas detras de una pantalla.

    Nos leemos.

  2. Interesante post. Sobretodo la comparación entre el animal y el hombre. Puede pensarse al hombre incluso como el animal que ha perdido sus instintos en relación con lo mencionado, si es así, eso explica que el animal nunca de el paso de su actuar al pensamiento, pero no sólo eso, sino que se víncula al pensamiento con ese instinto animal.

  3. muy interesante! en este momento, este post me acompaña un poco, me permite procesar mejor las sensaciones que percibo en mi cuerpo y del por qué me conecto con esta necesidad de alimentarme de palabras llenas de sentido.

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