EL INSTINTO COLECTIVO.(Notas sobre la red social virtual)

instinto colectivo as per Spencer Tunick

El instinto colectivo parece ser esencial para los propósitos de nuestra Era. Ese querer compartir con la gente lo que uno valora —tendencia humana que hace del Twitter o del Facebook, por ejemplo, un éxito— evidencia un impulso innato en el individuo que lo lleva a recolectar lo mejor, lo que más le place, lo bello, lo bueno, lo deseable, y compartirlo con los otros; como si  buscando compañía, espontánea, involutariamente casi, crease sociedad. Emerge así una voluntad común, un ser colectivo que, ahora en la virtualidad, se mueve por coordenadas aun desconocidas.

Con un objetivo innato como hormigas, en el mundo virtual nosotros también llevamos alimento a nuestro hormiguero cada vez que compartimos la información que nos encontramos compartiendo en el ciberespacio y cada vez que sentimos la  necesidad de marcar lo bueno y distinguirlo de lo malo para crear o buscar consenso. Así formamos una conciencia colectiva con una intencionalidad que en lo virtual pareciera seguir similares leyes a las que rigen en la naturaleza misma, cuyos propósitos no son mecánicos sino vitales.

Tenemos en la actividad de la sociedad virtual la evidencia empírica en favor de esa vitalidad intencional de la naturaleza que nos brinda la tecnología de punta, hechos concretos contra los que la ideología mecanicista  que aun define nuestra mentalidad, eventualmente caerá. Pero los tenemos también en los fenómenos naturales y el clima del planeta que está en transformación, como cumpliendo con un ciclo y preparándose para iniciar otro. Y como si esa experiencia virtual colectiva y esta experiencia empírica de un mundo real convulsionado fueran poco, en nuestro tiempo hay también cada vez más imágenes que nos muestran en vivo, nos enseñan casi por experiencia la animación e inteligencia de la naturaleza y nos hacen cuestionar en la creatividad que propicia esta tecnología las fronteras no solo entre lo virtual y lo real sino entre sino entre lo individual y lo colectivo. Y más que eso, creo que todos estos sucesos y fenómenos nos están enseñando también a pensar de manera no lógica, intuitiva, imaginativa. Wittgenstein habla de la visión de aspectos cuando trata de describirla.

Hay un elemento imponderable en nuestra experiencia colectiva de fin de siglo, un elemento que se resiste a la mirada cuantificadora. Aunque es justamente lo imponderable de nuestra experiencia  lo que más importa ahora para poder reconectarnos con esa animación y volver a hacernos capaces de relacionarnos empáticamente con las cosas, es lo que menos somos capaces de ver. Nos hemos acostumbrado, hemos sido entrenados desde nuestra entrada en el mundo a mirar lo cuantificable, lo “científicamente” comprobable.

No vemos aun lo que tenemos que ver más allá del espacio newtoniano que aun respiramos. Pero lo aspiramos y exhalamos, en el mismo aliento con “huecos negros” y “quarks”, su cosmología inerte que nos hace ciegos a la sintonía orgánica de todo, a lo que los renacentistas llamaban el Anima mundi y lo que los movimientos y fenómenos del mundo virtual parecieran apuntar a hacer consciente.

¿Aprenderemos en esta época a ver lo que se nos  ha hecho invisible hasta ahora? Tal vez es un paso en esa dirección empezar a pensar sobre este instinto que observamos tan claramente en la red virtual y empezar también a observar a la www como un gran animal en el que los individuos con sus respectivos avatares van cayéndose como las escamas caen de los ojos cuando uno empieza a ver.

Termino: leí hoy esta línea que me parece pertinente para lo que estoy tratando de decir:  “History is the story of the ego of a civilization, while myth is the story of the soul.” (La historia es la historia del ego, mientras que el mito es la historia del alma).  Quizás el cambio que se necesite sea en realidad  un simple cambio de lenguaje…. Con el riesgo de teñir las aguas en mi contra, o quizás precisamente por ello, cito a Joseph Campbell otra vez: “Una mitología no es una ideología. No es algo que se proyecta del cerebro, sino algo vivido en el corazón.”

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