ANIMA MUNDI, FÍSICA CUÁNTICA Y ECOLOGÍA

Anima Mundi by Voyen Koreis

Trotando por el Malecón Cisneros y pasando al lado de uno de los columpios y juegos infantiles que la municipalidad de Miraflores ha colocado en varios de sus parques, de pronto sentí ese olor punzante de caucho caliente que tiene el grass artificial. Me repugnó el contraste de esos vapores con el suave olor de mar con el que había estado trotando unos metros antes…

Hace unos meses el alcalde mandó cambiar la arena de los espacios de juego infantil por esa alfombra sintética verde que se usa ahora, por razones prácticas me imagino, pero con la que alguien tiene que estar haciendo también mucho dinero.  Después de todo, hay mucho espacio verde que podemos empezar a “mejorar” con este producto.

Hace tiempo escribí algo protestando en contra de las plantas artificiales que proliferan en los ambientes comerciales y oficinas.  Mi preocupación era por la insensibilidad para con lo natural que produce  la convivencia con estos simulacros, por el trance en que nos pone su falsa apariencia haciéndonos ciegos a la diferencia entre lo vivo y lo inerte.

“Es que ahora los hacen igualiiiitas a las reales”, me decía justificándolas una señora, “ya no son tan burdas como antes”, como si el problema hubiese sido siempre solamente que la estética era aun muy burda, que la apariencia no convencía al ojo discriminante.

Pero el problema para mí va más allá de la estética. No es que las plantas artificiales sean tan obviamente fake, falsas,  que usarlas como si no se notase esa diferencia sea obvia señal de mal gusto o huachafería. Es algo más de fondo que eso; es más, es algo que genera y alimenta a la huachafería: es la incapacidad de distinguir entre algo real y un simulacro, la incapacidad de ver solo la apariencia y no percibir las diferencias más sutiles. Me refiero a la incapacidad de sentir la vibración que distingue la presencia de algo vivo de algo muerto.

Recuerdo lo que me contó una vez una amiga relatándome la muerte de su padre: “de pronto ese cuerpo que estaba ahí ya no tenía la vibración que había sido mi padre. Ya él no estaba ahí.” Los antiguos identificaban en esa vibración al alma que dejaba al cuerpo en la exhalación final. No percibir algo con alma de algo artificial es como perder el sentido de lo vital, perder la capacidad de ver. Y andar por el mundo entumecido como un autómata.

Mi rechazo de lo artificial tenía que ver con ese estado de conciencia en el que inevitablemente nos tiene que sumir un mundo cada vez más artificial, más des-almado como el que van instaurando esos simulacros cuya imagen es tan perfecta, que ya no echamos de menos la vida de la que prescinden. Claro que son más prácticos (no hay que ocuparse de ellos, son objetos), más eficientes, etc., etc.  Pero el costo de esa eficiencia, de esa comodidad es demasiado alto, pues es pernicioso en  los niveles más profundos de nuestra conciencia.

Uno de los descubrimientos más decisivos de la física cuántica es que todo en el universo –objetos y organismos–, está constituido y envuelto en campos electromagnéticos continuamente en interacción, y que dentro de estos campos todo está transmitiéndole a todo lo demás energías propias y recibiendo a su vez las de lo demás.  El mismo principio de interconectividad a todo nivel lo muestra el fascinante experimento de Shweitzer y Emoto sobre el efecto de la música en la estructura del agua (http://www.drbonomi.com/art/cm/agua-consciencia.php), o los recientes experimentos con el efecto de la emoción en el ADN a distancia (http://www.centroser.com/articulos/adnexper.html ).

El ser humano, en particular, está por lo tanto recibiendo influencias de todo tipo en su comercio cotidiano con el mundo. Y en este sentido, hay movimientos que son más beneficiosos y algunos más dañinos que otros.  La emergente preocupación ecológica en nuestra época surge de una inquietud que resulta no solo de la observación de los traumáticos cambios planetarios, sino tal vez también en reacción a la vertiginosa forma en que la mentalidad empresarial, la compulsión comercial y la prepotente homogenización globalizadora están exacerbando nuestra inconciencia.

Pero lo que la física cuántica descubre no es nada nuevo, nada que no sepamos desde siempre, a saber: que estamos conectados y percibimos y somos afectados por todo a muchos niveles, conscientes e inconscientes, algunas veces de maneras traumáticas otras de maneras sutiles y muy graduales de las que solo nos percatamos con el tiempo pero que marcan nuestro desarrollo y transformación constante.  Sabíamos y actuábamos conscientes de esta interconectividad hasta el siglo XVII;  con la llegada de la ciencia de Newton nos olvidamos del Anima mundi que conecta a todos los seres por una sola energía o espíritu. Aprendemos a mirar y a  tratar al mundo como a un objeto inerte, mecánico y causalmente estructurado, y a considerar las relaciones entre las cosas como si fuesen reducibles a lo medible.  (Por eso es que en nuestra época nos cuesta tanto creer que algo es real si no hay un estudio científico que lo corrobore, aunque la evidencia imponderable sea evidente para cualquier razón sana o sentido común).

Ahora no solo nuestra conciencia cultural y los movimientos verdes, sino además la ciencia misma nos están obligando a cambiar esa mirada. Y más importante, nos exigen el cultivo de otra actitud.

Pero volviendo al malecón, ya para terminar: mientras troto ahora al lado de las canchas de fulbito que mantiene la municipalidad en el Malecón de la Marina, completamente inundado por el olor de petróleo que exhudan los pisos sintéticos sobre los que juegan pelota bajo el ardiente sol, me pregunto sobre las decisiones que estamos tomando al escoger la conveniencia práctica de lo artificial sin darle importancia o percatarnos de lo que significan para nuestra forma de ser, para la vida que nos estamos forjando en relación con la naturaleza y la vitalidad del mundo. Estos productos son una industria muy lucrativa, y donde el dinero entra en juego podemos estar seguros que la codicia siempre primará por sobre la conciencia, la estupidez humana por sobre la previsión y la autoconservación.

Quizás hemos estado demasiado tiempo acostumbrados a tratar al mundo como algo inerte como para reconocerles verdadera importancia a nuestros escrúpulos ecológicos… pero me parece necesario empezar a hacerlo antes que perdamos toda una dimensión de nuestra existencia.

Advertisements

2 thoughts on “ANIMA MUNDI, FÍSICA CUÁNTICA Y ECOLOGÍA

  1. Me encantó tu comentario. Todas y cada una de las palabras y sus significados. Estoy totalmente de acuerdo con el conocimiento propio del que hablas, pues, ya no es solo la percepción de nuestra separación con lo natural y todo lo que ello involucra; estamos hablando de lo separados que estamos de nuestro “nous”, instinto natural de esa conexión que sabemos está ahí.
    Estamos organizando grupos para conversar sobre “cuestiones que importan” y se basan justamente en todo lo que comentas. A pesar de que es cierto lo ausente que hemos estado en este tema, tema tan nuestro como seres que “vivimos” ahora; también es cierto que muchos estamos despertando y enfocandonos en la totalidad con un nuevo estado de conciencia. TENEMOS que llegar a un número determinado de conciencias para que la “masa crítica” haga el resto . . . Excelente tu comentario!
    Mids

  2. Tienes razon sobre lo artificial, sobre todo ahora en esta epoca que se habla de la ecologia y el medio ambiente, pero lamentablemente a veces los encargados de aquellas cosas, quieren sacarse de encima responsabilidades y se van por lo mas facil. Apoyo tu punto y que despierte esto interes en el ciudadano que es el mas afectado.

    Carlos

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s