
Una de las cosas que más me sorprende siempre (aunque al parecer es también lo más natural) es la forma cómo la gente se fanatiza con los partidos o con los candidatos antes que por las ideas cuando nos toca elegir a nuestros presidentes. Y quizás conectado con eso está el que se piense típicamente en función del propio gruposocio-cultural, en la odiosa “cgu”, en lugar de en función del país como colectividad social.
Pero hay momentos en que se hace necesario dejar nuestros propios intereses, nuestras preferencias, nuestras proyecciones a un lado, en que se hace imprescindible poder mirar las cosas más allá del partido o de la identificación personal con el candidato, para pensar en el bien de todo el país. Y no me refiero a calcular estadísticamente para “no perder el voto”, que solo quiere decir: intentar, por todos los medios, lograr aquel resultado que favorezca a nuestra secta o a nuestro candidato.
Votar por PPK sería activar un factor polarizante, que no solo acrecentaría la amenaza humalista de la que nos salvó Alan la última vez (pero esta vez esa amenaza se potenciaría como un latigazo visceral frente a un candidato tan empresarial, tan status quo), sino que al final terminaría quebrándonos por donde aun estamos frágiles: en ese sentimiento de desigualdad que aun invade (y con razón) a gran parte de nuestra población. Sentimiento, además, que ha sido causa de nuestras peores heridas colectivas recientes, que podrían recrudecer por una situación como la que estamos considerando.
Por eso es que yo votaré por Toledo, aunque comparto algunos de los reparos de muchos de mis amigos ppkarakeros, me parece que aparte de saber hacer una gestión decorosa, él mismo como símbolo del país que sería de presidente electo, Alejandro Toledo de alguna manera satisface la necesidad que siente una gran parte de nuestro pueblo de ser de alguna manera representado. (No es de sorprender que a muchos de mis amigos ppkkistas les disguste la sola idea de que pueda simbolizarnos alguien que encarna tantos de los defectos que aborrecemos. La diferencia siempre ha sido una carga.)
Y votaré por Toledo también, por supuesto, porque Humala es un lobo disfrazado de carnero (un mal lobo, además). Al lobo verdadero lo conozco personalmente, de haber vivido en Caracas el comienzo de la pesadilla chavista; y sería una tragedia (que pretendo evitar a toda costa) que cayésemos en sus manos, si al final Humala se enfrentase a PPK.
Y votaré por Toledo porque el sectarismo de los seguidores de Keiko y la ignorancia y la arrogancia de mucha de su gente me enferma, aun antes de siquiera pensar en sus vínculos montesinistas con lo que no habría ya más que pensar.
Y también votaré por Toledo porque Castañeda no me gusta nada, nadita de nada. Esa es siempre una buena señal de que algo ahí muy profundo no es afín a mis valores. Me recuerda de muchas maneras la incompetencia de George W. Bush, por las innegables semejanzas corporales y gestuales; ambos tan primordiales en su postura, su gesticulación y su pre-grabada articulación. No soportaría tener a una persona gobernándonos que no puede hilar una oración sin decir alguna sandez.
Y votaré finalmente por Toledo porque PPK es, antes que nada, un economista y un hombre de mente empresarial. Y aunque, por supuesto, no hay nada de malo en eso (algunos dirían que en nuestra época serlo, y ser uno bueno como lo es PPK, es esencial), estoy convencido de que por sí solo no es lo que más necesitamos en estos momentos.
Tan y hasta quizás más grande que el problema de la pobreza en nuestro país es el problema de la discriminación social y racial que, quizás, por ser más imponderable, menos fácilmente medible, puede pasar desapercibido. Votar por PPK en ese contexto, entregarle el poder a un candidato que pareciera confirmar una vez más esa mentalidad y forma de vida Apartheid que vergonzosamente sigue siendo la nuestra, podría sentirse, por un gran sector, como un golpe bajo capaz de desatar consecuencias lamentables.
Como bien dice el refrán, no solo hay que ser decente sino aparentarlo. ¿Estaré equivocado en pensar que un voto por PPK, aunque fuese un voto decente, pecaría por no aparentarlo? Y en este caso el pecado, por más ilusorio que fuese, podría ser, igual, mortal.
Aquí les dejo el excelente artículo que motivó esta nota:
http://lamula.pe/2011/03/26/lo-siento-ppk-2/15117
Y para quien le guste las apuestas, aquí un buena reflexión sobre por qué a Humala le encantaría estar en segunda vuelta contra PPK
http://lavozatidebida.lamula.pe/2011/03/26/humala-quiere-a-ppk/