instinto colectivo as per Spencer Tunick

El instinto colectivo parece ser esencial para los propósitos de nuestra Era. Ese querer compartir con la gente lo que uno valora —tendencia humana que hace del Twitter o del Facebook, por ejemplo, un éxito— evidencia un impulso innato en el individuo que lo lleva a recolectar lo mejor, lo que más le place, lo bello, lo bueno, lo deseable, y compartirlo con los otros; como si  buscando compañía, espontánea, involutariamente casi, crease sociedad. Emerge así una voluntad común, un ser colectivo que, ahora en la virtualidad, se mueve por coordenadas aun desconocidas.

Con un objetivo innato como hormigas, en el mundo virtual nosotros también llevamos alimento a nuestro hormiguero cada vez que compartimos la información que nos encontramos compartiendo en el ciberespacio y cada vez que sentimos la  necesidad de marcar lo bueno y distinguirlo de lo malo para crear o buscar consenso. Así formamos una conciencia colectiva con una intencionalidad que en lo virtual pareciera seguir similares leyes a las que rigen en la naturaleza misma, cuyos propósitos no son mecánicos sino vitales.

Tenemos en la actividad de la sociedad virtual la evidencia empírica en favor de esa vitalidad intencional de la naturaleza que nos brinda la tecnología de punta, hechos concretos contra los que la ideología mecanicista  que aun define nuestra mentalidad, eventualmente caerá. Pero los tenemos también en los fenómenos naturales y el clima del planeta que está en transformación, como cumpliendo con un ciclo y preparándose para iniciar otro. Y como si esa experiencia virtual colectiva y esta experiencia empírica de un mundo real convulsionado fueran poco, en nuestro tiempo hay también cada vez más imágenes que nos muestran en vivo, nos enseñan casi por experiencia la animación e inteligencia de la naturaleza y nos hacen cuestionar en la creatividad que propicia esta tecnología las fronteras no solo entre lo virtual y lo real sino entre sino entre lo individual y lo colectivo. Y más que eso, creo que todos estos sucesos y fenómenos nos están enseñando también a pensar de manera no lógica, intuitiva, imaginativa. Wittgenstein habla de la visión de aspectos cuando trata de describirla.

Hay un elemento imponderable en nuestra experiencia colectiva de fin de siglo, un elemento que se resiste a la mirada cuantificadora. Aunque es justamente lo imponderable de nuestra experiencia  lo que más importa ahora para poder reconectarnos con esa animación y volver a hacernos capaces de relacionarnos empáticamente con las cosas, es lo que menos somos capaces de ver. Nos hemos acostumbrado, hemos sido entrenados desde nuestra entrada en el mundo a mirar lo cuantificable, lo “científicamente” comprobable.

No vemos aun lo que tenemos que ver más allá del espacio newtoniano que aun respiramos. Pero lo aspiramos y exhalamos, en el mismo aliento con “huecos negros” y “quarks”, su cosmología inerte que nos hace ciegos a la sintonía orgánica de todo, a lo que los renacentistas llamaban el Anima mundi y lo que los movimientos y fenómenos del mundo virtual parecieran apuntar a hacer consciente.

¿Aprenderemos en esta época a ver lo que se nos  ha hecho invisible hasta ahora? Tal vez es un paso en esa dirección empezar a pensar sobre este instinto que observamos tan claramente en la red virtual y empezar también a observar a la www como un gran animal en el que los individuos con sus respectivos avatares van cayéndose como las escamas caen de los ojos cuando uno empieza a ver.

Termino: leí hoy esta línea que me parece pertinente para lo que estoy tratando de decir:  ”History is the story of the ego of a civilization, while myth is the story of the soul.” (La historia es la historia del ego, mientras que el mito es la historia del alma).  Quizás el cambio que se necesite sea en realidad  un simple cambio de lenguaje…. Con el riesgo de teñir las aguas en mi contra, o quizás precisamente por ello, cito a Joseph Campbell otra vez: “Una mitología no es una ideología. No es algo que se proyecta del cerebro, sino algo vivido en el corazón.”

Anima Mundi by Voyen Koreis

Trotando por el Malecón Cisneros y pasando al lado de uno de los columpios y juegos infantiles que la municipalidad de Miraflores ha colocado en varios de sus parques, de pronto sentí ese olor punzante de caucho caliente que tiene el grass artificial. Me repugnó el contraste de esos vapores con el suave olor de mar con el que había estado trotando unos metros antes…

Hace unos meses el alcalde mandó cambiar la arena de los espacios de juego infantil por esa alfombra sintética verde que se usa ahora, por razones prácticas me imagino, pero con la que alguien tiene que estar haciendo también mucho dinero.  Después de todo, hay mucho espacio verde que podemos empezar a “mejorar” con este producto.

Hace tiempo escribí algo protestando en contra de las plantas artificiales que proliferan en los ambientes comerciales y oficinas.  Mi preocupación era por la insensibilidad para con lo natural que produce  la convivencia con estos simulacros, por el trance en que nos pone su falsa apariencia haciéndonos ciegos a la diferencia entre lo vivo y lo inerte.

“Es que ahora los hacen igualiiiitas a las reales”, me decía justificándolas una señora, “ya no son tan burdas como antes”, como si el problema hubiese sido siempre solamente que la estética era aun muy burda, que la apariencia no convencía al ojo discriminante.

Pero el problema para mí va más allá de la estética. No es que las plantas artificiales sean tan obviamente fake, falsas,  que usarlas como si no se notase esa diferencia sea obvia señal de mal gusto o huachafería. Es algo más de fondo que eso; es más, es algo que genera y alimenta a la huachafería: es la incapacidad de distinguir entre algo real y un simulacro, la incapacidad de ver solo la apariencia y no percibir las diferencias más sutiles. Me refiero a la incapacidad de sentir la vibración que distingue la presencia de algo vivo de algo muerto.

Recuerdo lo que me contó una vez una amiga relatándome la muerte de su padre: “de pronto ese cuerpo que estaba ahí ya no tenía la vibración que había sido mi padre. Ya él no estaba ahí.” Los antiguos identificaban en esa vibración al alma que dejaba al cuerpo en la exhalación final. No percibir algo con alma de algo artificial es como perder el sentido de lo vital, perder la capacidad de ver. Y andar por el mundo entumecido como un autómata.

Mi rechazo de lo artificial tenía que ver con ese estado de conciencia en el que inevitablemente nos tiene que sumir un mundo cada vez más artificial, más des-almado como el que van instaurando esos simulacros cuya imagen es tan perfecta, que ya no echamos de menos la vida de la que prescinden. Claro que son más prácticos (no hay que ocuparse de ellos, son objetos), más eficientes, etc., etc.  Pero el costo de esa eficiencia, de esa comodidad es demasiado alto, pues es pernicioso en  los niveles más profundos de nuestra conciencia.

Uno de los descubrimientos más decisivos de la física cuántica es que todo en el universo –objetos y organismos–, está constituido y envuelto en campos electromagnéticos continuamente en interacción, y que dentro de estos campos todo está transmitiéndole a todo lo demás energías propias y recibiendo a su vez las de lo demás.  El mismo principio de interconectividad a todo nivel lo muestra el fascinante experimento de Shweitzer y Emoto sobre el efecto de la música en la estructura del agua (http://www.drbonomi.com/art/cm/agua-consciencia.php), o los recientes experimentos con el efecto de la emoción en el ADN a distancia (http://www.centroser.com/articulos/adnexper.html ).

El ser humano, en particular, está por lo tanto recibiendo influencias de todo tipo en su comercio cotidiano con el mundo. Y en este sentido, hay movimientos que son más beneficiosos y algunos más dañinos que otros.  La emergente preocupación ecológica en nuestra época surge de una inquietud que resulta no solo de la observación de los traumáticos cambios planetarios, sino tal vez también en reacción a la vertiginosa forma en que la mentalidad empresarial, la compulsión comercial y la prepotente homogenización globalizadora están exacerbando nuestra inconciencia.

Pero lo que la física cuántica descubre no es nada nuevo, nada que no sepamos desde siempre, a saber: que estamos conectados y percibimos y somos afectados por todo a muchos niveles, conscientes e inconscientes, algunas veces de maneras traumáticas otras de maneras sutiles y muy graduales de las que solo nos percatamos con el tiempo pero que marcan nuestro desarrollo y transformación constante.  Sabíamos y actuábamos conscientes de esta interconectividad hasta el siglo XVII;  con la llegada de la ciencia de Newton nos olvidamos del Anima mundi que conecta a todos los seres por una sola energía o espíritu. Aprendemos a mirar y a  tratar al mundo como a un objeto inerte, mecánico y causalmente estructurado, y a considerar las relaciones entre las cosas como si fuesen reducibles a lo medible.  (Por eso es que en nuestra época nos cuesta tanto creer que algo es real si no hay un estudio científico que lo corrobore, aunque la evidencia imponderable sea evidente para cualquier razón sana o sentido común).

Ahora no solo nuestra conciencia cultural y los movimientos verdes, sino además la ciencia misma nos están obligando a cambiar esa mirada. Y más importante, nos exigen el cultivo de otra actitud.

Pero volviendo al malecón, ya para terminar: mientras troto ahora al lado de las canchas de fulbito que mantiene la municipalidad en el Malecón de la Marina, completamente inundado por el olor de petróleo que exhudan los pisos sintéticos sobre los que juegan pelota bajo el ardiente sol, me pregunto sobre las decisiones que estamos tomando al escoger la conveniencia práctica de lo artificial sin darle importancia o percatarnos de lo que significan para nuestra forma de ser, para la vida que nos estamos forjando en relación con la naturaleza y la vitalidad del mundo. Estos productos son una industria muy lucrativa, y donde el dinero entra en juego podemos estar seguros que la codicia siempre primará por sobre la conciencia, la estupidez humana por sobre la previsión y la autoconservación.

Quizás hemos estado demasiado tiempo acostumbrados a tratar al mundo como algo inerte como para reconocerles verdadera importancia a nuestros escrúpulos ecológicos… pero me parece necesario empezar a hacerlo antes que perdamos toda una dimensión de nuestra existencia.

Hace algunos años, cuando volví al Perú luego de una larga estancia en el extranjero, y aun en shock por los estragos que había causado en mis finanzas la decisión de dejar Venezuela luego de casi una década de apacible existencia, por motivos puramente ideológicos y completamente imprácticos, empecé a escribir un texto que llamé “Manual del hedonista pobre”. En él desahogaba mi frustración por encontrar que en el Perú (en gran contraste con lo que había sido mi vida de filósofo en el Shangri-La que era Caracas) todos mis gustos estaban por encima de mis recursos; al mismo tiempo creo que necesitaba también articular la importancia que le veía yo a la satisfacción de esos gustos como forma imprescindible de cultivar el alma.

Recuerdo que empecé a observar que había en la idiosincracia peruana una propensidad a la pobreza y por ende a la continua privación de sus deseos –un tendencia que, pienso aun, sería productivo reflexionar, sobre todo en relación a la forja de nuestro carácter nacional. (“Sufre peruano, sufre” dice una canción popular muy conocida y sintomática de nuestra condición). Tal vez porque a medida que iba adentrándome en esa materia un poco densa e ingrata, la cosa se hizo menos hedonista y más laboriosa (razón harto comun detrás de tantos proyectos inconclusos), el manual quedó esperando el día futuro en el que me llamasen otra vez las musas y lo lograse acabar.

Pues bien, leyendo el otro día sobre lo que Alejandro León le gusta llamar “filosofìa-pop” — y específicamente sobre este tema del hedonismo ( http://filosofapop.wordpress.com/2009/12/23/el-hedonismo-o-el-placer-de-existir/#comment-6) –, recordé ese manual, y sentí otra vez las ganas de completarlo. Y es que la palabra “hedonismo” es una palabra “maldita”, es decir una de esas palabras (como “romántico”, “sofista”, etc.), que han adquirido una mala reputación debido a los chismes injustificados y sesgados de nuestra tradición, y cuya recuperación para mí es una especie de imperativo moral, especialmente en nuestra época en que tendemos muy fácilmente a identificarlo con las frivolidades del consumismo y la sociedad del espectáculo.

Recogí del blog de Alejandro un párrafo de una entrevista a Michel Onfray en el que este filósofo francés distingue entre el hedonismo vulgar y el hedonismo que dice “filosófico”. Así lo introduce:

“Se cree que el hedonista es aquel que hace el elogio de la propiedad, de la riqueza, del tener, que es un consumidor. Eso es un hedonismo vulgar que propicia la sociedad. Yo propongo un hedonismo filosófico que es en gran medida lo contrario, del ser en vez del tener, que no pasa por el dinero, pero sí por una modificación del comportamiento. Lograr una presencia real en el mundo, y disfrutar jubilosamente de la existencia: oler mejor, gustar, escuchar mejor, no estar enojado con el cuerpo y considerar las pasiones y pulsiones como amigos y no como adversarios.” (http://bibliotecaesceptica.wordpress.com/2009/03/15/hedonismo-no-es-consumir-entrevista-a-onfray/)

Me impactó ese párrafo y he querido rápidamente señalar tres ideas para rumiarlas un poco aquí:

La primera es la identificación vulgar, que critica Onfray, del hedonista con el exitoso gozador frívolo y ostentoso, que lo único que busca es mostrar lo que tiene, ufanarse de sus logros para alimentar la mirada aduladora del otro. (Rousseau ya había diagnosticado la esclavitud bajo el yugo del “qué dirán” que la sociedad moderna imponía al individuo por su búsqueda de la propiedad y el poder). Pero lo interesante es que esa identificación delata un no tan solapado prejuicio contra lo sensible , que pareciera basarse en un falso supuesto –tácito pero omnipresente– de que todo lo que tiene que ver con el cuerpo, con la sensualidad y los sentidos, es y debe ser vano, frivolo, superficial. (Ese puritanismo lo cargamos todos en nuestra sangre, y cabe agregar: a costa, y frecuentemente en gran perjuicio, de nuestro temperamente latino)

Contra ese prejuicio uno puede afirmar, como lo quiere hacer Onfray, que hay cosas del cuerpo que son mucho más profundas y significativas que lo que supone esa concepción del hedonismo y de lo que pretende la demanda puritana detrás de la condena del hedonismo como actitud vital. Que el cuerpo es sabio de una manera que nos resistimos a reconocer es algo de lo que debemos recordarnos continuamente.

(Quizás lo negamos por la oscuridad natural del sentimiento, aun cuando esta misma oscuridad sea en realidad el único origen de cualquier luz capaz de alumbrar nuestra conciencia. Kierkegaard decía que la verdad solo es tal en tanto que haya sido trabajada internamente en nuestro sentimiento y asimilada a través de los procesos vitales de nuestro cuerpo…y ello implica la aceptación de la pasión como medio de cambio y transformación)

El hedonismo no sería otra cosa, entonces, desde esta visión más amplia, que la búsqueda en el cuerpo de una mayor conciencia de la existencia.

La segunda idea es aquella que asoma Onfray cuando nos habla de la necesidad de “no estar enojados con el cuerpo”. Ahí nos está advirtiendo que detrás de esa actitud condescendiente contra el goce de los sentidos se esconde algún resentimiento cultural contra el cuerpo. Como si en nuestra cultura hubiésemos alimentado ese resentimiento al punto de desterrar a nuestra corporalidad de todo aquello que consideramos importante para nuestra más alta existencia. López Pedraza decía que Dioniso era el dios más reprimido de la historia occidental, queriendo decir con eso que nuestra cultura se ha empeñado tradicionalmente en marginar, ignorar, olvidar a lo emocional, relegándolo en nuestra época moderna a lo “meramente subjetivo”. En parte es comprensible esa tendencia, pues Dioniso y la emoción nos traen el cambio, el sufrimiento y la muerte. La conciencia de nuestra fragilidad y de la mortalidad nos petrifica. De ahí la obsesión por las cirugías plásticas y la compulsiva búsqueda de entretenimiento que definen a nuestra actual cultura. Pero contra nuestra hybris titánica es necesaria esa conciencia.

La última idea que quiero tocar es aquella que dice que este hedonismo filosófico tiene que ver “con ser en vez de tener”. Be all that you can be decía el slogan de los Marines. Y claro, la atracción de ese oficio no está en lo que nos ofrece tener sino en lo que nos ofrece llegar a ser. Eso me recuerda que al escribir el manual del hedonista pobre hace unos años, había reflexionado acerca de la paradoja siguiente: El verdadero hedonista está dedicado a ser, no a tener.Por eso nunca logra amasar fortuna, ni acumular propiedades y por lo tanto siempre encuentra que sus gustos sobrepasan sus medios. (Oscar Wilde hizo una virtud de esa paradoja cuando afirmaba “I have always lived beyond my means”). Y lo que se me ocurrió entonces es que podría haber una sabiduría o una justicia natural en esa paradoja:

“si entendemos como hedonista pobre a aquel a quien su propio temperamento lo coloca en una posición de precariedad, entonces podríamos decir que a éste le toca ese destino precisamente para que preserve para la humanidad la importancia de los valores de la sensualidad vital y proteja a la experiencia sensible de los excesos e inconciencias a las que nos lleva el éxito que permite disfrutarla sin limitaciones. La Torre de Babel advierte sobre la lògica de esa tendencia.”

El manual para el hedonista pobre pretendía ser entonces tan solo un recordatorio de la vocación y de la responsabilidad, y en cierta medida una descripción de los peligros y riesgos de la labor, del verdadero hedonista. Porque de lo que se trata el hedonismo entendido de esta manera, es de superar la mera apariencia para lograr, en palabras de Onfray, “una presencia real en el mundo y disfrutar jubilosamente de la existencia.”

RED punto edu 4

Feria del libro ricardo Palma

Encuentro en mi buzón electrónico la descorazonadora noticia de que por razones de orden “urbanístico y ambiental” se le ha negado a la Feria del Libro Ricardo Palma, la autorización tradicional para realizarse en  el Parque Kennedy de Miraflores.

“Esta respuesta nos llena de desconcierto” dice la nota de prensa mediante la cual me entero. Desconcierto es, en este contexto, lo que llaman los angloparlantes un “understatement”, es decir una calificación que se queda corta. No es solo desconcierto sino frustración e indignación  lo que me causa a mí esta noticia. Sobre todo al enterarme, además, que se le propone a esta importantísima actividad cultural que se traslade a un local en la Avenida del Ejército donde a las dificultades que supone ya la organización de un evento cultural como este, se le suman ahora  más dificultades, como el limitado acceso de tránsito vehicular y peatonal de una nueva sede en la cuadra 13 de la avenida Del Ejército.

La tradicional ubicación de la Feria del Libro en el Parque Kennedy, no solo por su continuidad sino por su fácil acceso para un público que suma “miles de personas que se acercan al libro, renuevan su actitud por la lectura e interactuan con sus escritores preferidos”, es un lugar natural para esta actividad. Esta medida hace manifiesta una total ceguera por parte de la Municipalidad a la crucial importancia de la cultura del libro, y por lo tanto de este evento, para nuestra conciencia social y así para nuestro bienestar nacional. El alcalde de ese municipio deberá mostrar su buen juicio corrigiendo esta medida deplorable.

La Cámara Peruana del Libro solicita la reconsideración de esta funesta decisión  y yo, por mi parte, insto a todos quienes valoramos la cultura y entendemos su importancia para el progreso y bienestar de nuestro país, que apoyemos a la Cámara Peruana del Libro en su solicitud haciendo sentir nuestra frustración frente a esta injustificable falta de conciencia cultural por parte de la Municipalidad de Miraflores.

"El individuo con el menor sentido moral  y  la más grande voluntad de poder liberará esas fuerzas oscuras y crecerá la turba  con la fuerza irresistible de una avalancha" (Carl G. Jung, "La psicología del nazismo")

"El individuo con el menor sentido moral y la más grande voluntad de poder liberará esas fuerzas oscuras y crecerá la turba con la fuerza irresistible de una avalancha" (Carl G. Jung, "La psicología del nazismo")

por el Dr. Eduardo Carvallo (psiquiatra y analista junguiano, Miembro de la Sociedad Venezolana de Analistas Junguianos y Director de la Fundación C.G. Jung de Caracas).

“Sus necesidades de ser oído, de dominar e imponer su forma de pensar, lo han llevado a establecer el sistema de publicidad y mercadeo más impresionante que se ha conocido en nuestro país.

Desde la psicología junguiana, podrìamos inscribir estas necesidades  en el terreno de los complejos: esas heridas que se abren en nuestra historia y que distorsionan emocionalmente la percepción de la realidad. En su historia hay elementos de abandono que pudiésemos relacionar con un complejo de inferioridad; con el resentimiento como emoción que polariza a  las personas en buenas y malas; y con una enorme capacidad adaptativa y mimética que se traduce en un gran carisma.

Por otro lado, su prolongado acceso le ha desarrollado un complejo de superioridad. Esto, sumado a su capacidad de imponerse a la fuerza, y “a los realazos”, ha producido un fenómeno de identificación masiva entre muchas personas que comparten su origen humilde y se han sentido segregados por “el sistema”

El efecto de esta polarización se percibe no sólo en el plano conciente de los individuos y del colectivo venezolanos -donde han aumentado significativamente los ataques de pánico y los trastornos de ansiedad productos de una sensación de persecución y segregación por el gobierno, y de la incertidumbre frente a la ausencia de Instituciones que protegen a la colectividad- sino también en los contenidos inconscientes que, a través de los sueños, aparecen cada vez más cargados de imágenes amenazantes, de temas de confrontación y guerras, que hablan de la afectación de la salud mental de buena parte del pueblo venezolano.”

El Dr. Carvallo dictará la conferencia: “Aproximación al inconsciente desde la psicología de C.G. Jung” esta noche en el EPCA, Gral Pezet 1515, San Isidro. Más información en el post de la Primera Jornada Internacional de Psicología Junguiana en el Perú (en este mismo BLOG)

sobre la imagen del sueño

September 4, 2009

email_flyer_005bLa mayor parte de la gente que se aficiona a los sueños pretende generalmente encontrarse con alguna guía que les explique el significado de sus imágenes. “Si soñaste con cuchillos”, a veces escuchamos, “eso quiere decir….” y dependiendo de la habilidad hermenéutica o la elocuencia de nuestro intérprete escucharemos alguna explicación de lo que significa esa imagen dentro del sueño, de lo que nos está diciendo acerca de nuestra vida.

Lo primero que hay que decir es que la interpretación de los sueños nunca puede regirse por un catálogo general de significados. Los diccionarios de sueños son simplificaciones de una ciencia que es tan compleja como son múltiples las variables que intervienen en cada imagen onírica.

Toda imagen–y este es un principio de la práctica imaginal del espíritu junguiano– es siempre una imagen concreta, situada en un contexto particular, cuyo sentido surge precisamente de los elementos únicos de esa ubicación espacio temporal que es la de cada alma. Elementos que conforman no solo la escena onírica, sino la compleja situación vivencial por la que pasa la persona –las cuestiones y vivencias que están poblando su horizonte psíquico y existencial.

La interpretación de los sueños involucra por lo tanto un aprendizaje lento de la (anti)lógica (i)rracional del inconsciente, mediante la cual se expresa; una cuidadose escucha de esa actividad imaginal en la que, según Jung, el alma expresa lo mejor que puede su necesidad más profunda. Los sueños son mensajes del inconsciente, revelaciones de potencialidades y vocaciones muy hondas.

En la práctica de sueños junguiana es también cierto que se utilizan la herramientas intepretativas que nos proporcionan las figuras e imágenes arquetipales. Me refiero a las imágenes de mitos, leyendas, cuentos de hadas, etc. Porque en cada una de esas se expresan siempre patrones familiares de a constitución psíquica del hombre que se repiten en nuestro imaginario personal, usualmente entretejido y articulando complejos propios de nuestra propia subjetividad.

Lo que encuentro fascinante de la aproximación junguiana a los sueños es que hace uso de las historias mitológicas para encontrar en nuestra actividad onírica los patrones psíquicos que estas registran, se hacen de esa sabiduría milenaria para interpretar lo que nuestra propia alma está manifestando en sus imágenes oníricas. Como si la fuente de nuestras fantasías nocturnas fuesen además parte de un gran lienzo que a través de la historia el hombre sigue pintando siempre de forma diversa, en los individuos, en las culturas, en las sociedades.

Freud hizo uso de esa intuición –quiero decir de la naturaleza arquetipal de nuestros sueños–, para explicar el desarrollo del temperamento y la identidad erótica de los individuos. Su gran mito, el mito de Edipo, es sin embargo solo uno de miles.  Jung piensa que cada individuo puede vivir muchos mitos, cada uno con diferentes grados de intensidad o frecuencia en diferentes momentos y estadios de su vida; y que la importancia de cada mito es relativa al sujeto individual, a su carga psíquica personal, de donde emergen esas nuevas imágenes.

No hay que pensar, sin embargo, en esas imagenes arquetipales como fórmulas que podrían servir como definiciones del sentido de las imágenes en abstracto.  Como lo he dicho, la individualidad del alma impide que haya tal cosa como una definición universal. Lo que hay son patrones que se repiten y que reconocemos por alguna facultad empática, por un oído interno a la resonancia que muestra en las múltiples e impredecibles formas que asumen los arquetipos, los sentidos universales de la psique humana que van conformando nuestras conciencias y nuestras vidas.

Empezamos a prepararnos para la segunda etapa  de actividades Jung en Lima. Viene el reconocido psiquiatra y psicólogo junguiano, Eduardo Carvallo, especialista en la interpretación de sueños. Dirigirá un taller de sueños el 12 y 13 de septiembre (sábado por la tarde y domingo por la mañana) y luego dictará una ponencia el lunes 14, acerca de “la sombra”, que es el nombre que Jung le da al aspecto más inmediato del inconsciente individual –el lado oscuro del yo, podríamos decir.

Estaré posteando (tan pronto como encuentre un momento para escribirla), una breve descripción de lo que distingue a la interpretación de sueños Junguiana de la freudiana. Baste por ahora decir que desde una perspectiva junguiana, la interpretación de las imágenes oníricas se basa en el uso de imágenes mitológicas para interpretar los mensajes de la psique. Porque para Jung los sueños son eso precisamente, mensajes de nuestro inconsciente que tienen que ver con el proceso de individuación –mediante el cual cada persona va encontrando quién es, es decir, de qué se trata realmente la vida para uno mismo en relación a la propia naturaleza.

Así que vayan separando las fechas, que promete ser una jornada realmente interesante y enriquecedora. (Y recuerden que los precios para tuiteros tienen un descuento especial)

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Alma y mitología…

August 10, 2009

hermes

Desde una perspectiva junguiana, los sueños son como la mitología individual de cada persona, y los mitos son como los sueños colectivos de la cultura. En el mismo sentido podríamos hablar de las imágenes del cine como los mitos y sueños de nuestra cultura.

De los mitos pensaba Jung que podíamos extraer profundas intuiciones  acerca de las dinámicas de la psique. Las imágenes mitológicas nos revelan la sabiduría milenaria acerca de las estructuras primordiales de la psique que Jung llama los arquetipos…

Freud al hacerse del mito de Edipo para explicar el desarrollo psíquico del individuo identificó el nivel elemental y mítico del alma humana. Pero mientras que la mirada monoteísta de Freud lo llevó a privilegiar un solo mito en su comprensión de la psique humana, Jung más bien pensaba que todos los mitos y dioses están igualmente presentes, en diferentes grados, en cada individuo, de tal manera que cada persona vive su(s) propios) mito(s). Y es más, pensaba que en nuestra época y a causa de la represión monoteísta de la cultura judeo cristiana reforzada por el racionalismo moderno, los dioses se manifiestan ahora en nuestras patologías y en sus síntomas.

Las diferencias entre Jung y Freud pueden comprenderse también en función de los mitos, y desde ese mismo politeísmo junguiano. Y es que la diferencia entre estos dos hombre se refleja en el contraste entre dos arquetipos articulados en las imágenes mitológicas de Apolo y Hermes.

De Apolo sabemos bien que es el dios de la civilización y el orden, responsable de la racionalidad y su lucidez implacable, patrono de lo ideal y de la pureza.  Apolo es el recto, el claro, y su ámbito es el ámbito de la luz, de la lógica y lo práctico.

Mientras Apolo tiene una inteligencia racional, la inteligencia de Hermes  es visceral e intuitiva, sus caminos son múltiples y oscuros, y su ámbito el de los sentimientos con su ambivalente complejidad. Ambos son patronos de la medicina, aunque Apolo representa más la medicina científica (racionalista) y Hermes la medicina shamanísitica (mágico o intuitiva)… (continuará)

Y no te olvides: La PRIMERA JORNADA INTERNACIONAL DE PSICOLOGÍA JUNGUIANA se inicia este miércoles 12 de agosto con  Ilan Gheiler –filósofo y educador, candidato al diploma del C.G. Jung Institut en Zurich–, quien dictará la conferencia “Juicios, prejuicios y perjuicios: La inconsciencia colectiva” a las 7:30pm en el local de EPCA: Gral Pezet 1515, San Isidro (lo acompañarán un panel de dos psicoanalistas, la Dra. Liliana Blaustein y el Dr. Eduardo Gastelumendi).

Inversión
Conferencias: S/. 40. (general); S/ 30. (estudiantes); S/24. (tuiteros)

INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES:

TELF. 264-2094; 264-2757; CEL 997 22 048

Icarus Goltzius

De acuerdo a Jung nuestra alma está alimentada por un inconsciente colectivo, conformado por estructuras heredadas, responsables de las dinámicas psicológicas que constituyen nuestro carácter.

El Puer aeternus es una de esas estructuras, responsable de la curiosidad insaciable por nuevos conocimientos, la velocidad de la conciencia que permite las múltiples conexiones que son el deleite, la riqueza, la intoxicación y la fantasía de la conciencia adolescente, que producen aquel  sentimiento de omnipotencia, de estar on top of the world tan típico de esa etapa.  Antoine de Saint Exupery (autor de El Principito), por ejemplo,  James Dean (icónico protagonista de Rebelde sin causa), y el trágico Jacko, Michael Jackson,  eran  almas dominadas por el arquetipo del Puer aeternus…

El arquetipo del Puer aeternus, el eterno adolescente, está presente en toda psique,y está complementado por otro arquetipo, también presente en todos: el Senex (el anciano). El Senex, es la sombra que compensa al Puer, que lo conecta con la tierra y así con las lentitudes de la emoción que hacen posible la maduración, y convierten  el aprendizaje mental en experiencia y sabiduría. Sin embargo, desde la actitud del Puer, la lentitud del viejo es decrépita, obsoleta e inútil. De ahi se explica en una época como la nuestra, poseída por la actitud del Puer, que encerremos a los ancianos en casas de descanso donde no nos obliguen a sus tempos tan lentos y opuestos al aire que respiramos en nuestra vertiginosa cultura.

El mito de Ícaro quien vuela en alas de cera hacia el sol,  ilustra el destino del Puer cuando se polariza y desconecta del Senex: olvidando la voz de advertencia del padre y abandonado al entusiasmo y al éxtasis de su fantástico vuelo hacia el  gran astro, Ícaro encuentra su destrucción al atravesar el espacio en estrepitosa caída y entrar final y fatalmente en contacto con la realidad terrena…

Decir que nuestra época es una época de Puer Aeternus advierte este peligro inminente de la conciencia en vertiginoso vuelo, obsesionada con las ilusiones omnipotentes de información total y pureza virtual,  desconectada cada vez más radicalmente del cuerpo y las sabias lentitudes de lo terreno…